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Análisis

El ’vicepresident’ Pere Aragonès y el ’president’ Quim Torra.

ALBERT BERTRAN

El independentismo pragmático

Toni Aira

La ERC que aspira a liderar Aragonés tiene parte del camino trazado, parte de la credibilidad ganada aunque no conquistada totalmente, y ahora tiene ante sí una oportunidad de oro para hacerse con la bandera del independentismo útil

Pragmático no significa promiscuo, ni corrupto, ni claudicante. Eso son las caricaturas o las consecuencias de los excesos de quienes durante años han sido identificados en nuestra política como "los pragmáticos". Pero el pragmatismo es otra cosa, incluso una escuela filosófica que uno de sus padres, Charles Sanders Peirce, resumió con la siguiente máxima: "Considera los efectos prácticos de los objetos de tu concepción. Después, tu concepción de estos efectos es la totalidad de tu concepción del objeto". Todo va ligado, principio y fin, estrategia y táctica, pero para considerarse pragmático, quien lo quiera, debe culminar con una actuación práctica, que en clave política significa útil.

El independentismo catalán, y más concetament ERC, tiene en este sentido un reto importante, de acción y de definición, en cómo gestione y culmine la investidura de Pedro Sánchez. Porque ciertamente se ha ido erigiendo en los últimos tiempos como una fuerza política independentista que quiere asumir la bandera del pragmatismo entendido en el mejor sentido de la palabra, pero para acabar de conseguirlo es necesario que lo quiera asumir con todas las consecuencias, con menos dudas, con menos miedos y con más decisión y coherencia entre hechos y palabras.

Ciertamente, parte del mérito de la concepción pragmática que todo tipo de actores políticos e institucionales tienen ahora de ERC es gracias al desistimiento de esta bandera que ha hecho el mundo convergente, evolucionado, no sólo estéticamente transformado y ahora bajo las siglas de Junts per Catalunya y con actores que nunca habrían formado parte del universo de Jordi Pujol, para entendernos.

La marca electoral de Carles Puigdemont y de Quim Torra es un espacio aún por definir y por ordenar, y mientras esto no pase, lejos de construir sólidamente algo alternativo a aquello de dónde vienen en parte, básicamente se han dedicado a destruir no poco del patrimonio político y del capital sentimental que describieron la concepción que muchos habían tenido de ellos. El pragmatismo estaba entre estos activos de CiU. Era sinónimo de utilidad, de hacer o de conseguir metas y acuerdos que no eran nunca la meta final pero que desbrozaban el camino, y que mientras tanto ofrecían opciones de mejora palpables para una parte de la población. Ahora cuesta. También, en el caso de la investidura, porque Sánchez no lo ha puesto fácil y es necesario que se mueva él primero, cosa que también cuesta.

Pero la ERC que aspira a liderar Pere Aragonés tiene parte del camino trazado, parte de la credibilidad ganada aunque no conquistada totalmente, y ahora tiene ante sí una oportunidad de oro para hacerse con la bandera del independentismo pragmático, del independentismo útil. Pragmatismo como el de Pablo Iglesias, que hace unos años proponía asaltar los cielos y ahora asume que tendrá que tragarse sapos. Es necesario poner valentía para construir. No gratis. Pocas cosas son gratis en política. Pero lo que seguro que tiene costes para todos es hacer como que un escenario peor no existe, y ayudar a provocarlo.