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Terry O’Neill, en una exposición de su obra en Madrid, en el 2013.

JUAN MANUEL PRATS

Muerte de un 'Eastender'

Ramón de España

La editorial Blume acaba de publicar entre nosotros un magnífico libro de fotografías de David Bowie realizadas por Terry O'Neill. No me había dado ni tiempo a quitarle el plástico cuando me enteré del fallecimiento del autor, Terence Patrick O'Neill (Londres 1938 – 2019), un chaval del East End que asistió en primera persona a la expansión global de la música pop y fue, prácticamente, el primero en retratar a los Beatles y a los Rolling Stones. De su larga relación amistosa con David Bowie da fe ese libro que es ahora un diálogo entre dos cadáveres. Y nuestro hombre no se quedó atascado en el pop, pues no tardó mucho en plantarse en Hollywood para inmortalizar a las estrellas del celuloide: suya es la mejor fotografía jamás tomada de Faye Dunaway, aunque en eso pudo influir el hecho de que estuviese casado con ella entre 1983 y 1987.

O'Neill ha sido el Richard Avedon del pop y sus retratos son siempre magníficos. Véanse los de Bowie. Aunque Mick Rock fue el otro fotógrafo oficial del cantante, lo suyo nunca fueron los retratos, sino las instantáneas de escenario, su intuición a la hora de apretar el disparador. Cuando Bowie necesitó un retrato como Dios manda, siempre recurrió a O'Neill (salvo alguna disculpable infidelidad con Helmut Newton).

Terry O'Neill fue de esa gente que está en el lugar adecuado a la hora precisa. Lo suyo era el jazz, y hasta llegó a tocar la batería en algunos clubs de Londres. Los Beatles y los Stones -y toda la escena que lideraban- le pilló con veinticuatro años y le hizo cambiar de dirección hasta convertirse en el retratista más notable de su generación, sin desmerecer a clásicos como Avedon o David Bailey. Terry sabía mirar y captar el alma de sus modelos, que es lo que distingue al artista del fabricante de selfies. Con él se va otro representante de las mejores décadas del siglo XX en Occidente, aunque ya no tenía muchas ganas de seguir trabajando porque, según reconoció, cada vez había menos gente a la que le apeteciese retratar. Como la Norma Desmond de 'Sunset Boulevard', no es que Terry hubiese envejecido, sino que el mundo se le había ido haciendo cada vez menos estimulante. No es de extrañar: cuando has fotografiado a Jagger y Bowie, no te vas a conformar con Sam Smith, ¿verdad?

Temas: David Bowie