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ANÁLISIS DE UN RELEVO

Robert Moreno en rueda de prensa con la selección española.

AFP / CRISTINA QUICLER

Cuando uno se cree el seleccionador

Emilio Pérez de Rozas

Es tremendo, el mundo, la vida, la sociedad, nosotros, todos, hemos decidido que las formas, las maneras, la educación, el estilo, han pasado a mejor vida. No importan, da igual, ¡qué más da! Ya lo decía papá “cuando quitaron la urbanidad del programa escolar, se perdió todo”.

Resulta que el regreso de Luis Enrique al banquillo de la selección española de fútbol es la mejor noticia de la temporada. Es justo y necesario, dicen los que defienden su regreso. Y si uno escucha atentamente a Luis Rubiales, que asegura haber recibido una Federación Española de Fútbol con 2 sobre 10 de transparencia y haberla llevado, en pocos meses, al 10 sobre 10, resulta que todo, todo, todo, se ha hecho como se debía hacer.

Es decir, contando con todas las partes y hablando abiertamente, tanto con Robert Moreno, el seleccionador interino “que sabía que, en cuanto quisiese Luis Enrique, volvería”, como con los medios (no sé yo que versión tiene el presidente de la federación de ese punto, pues muchos periodistas dijeron ayer que les habían engañado) y, por supuesto, con el exseleccionador.

Todas las explicaciones del mundo

Digo yo que no será como cuenta Rubiales y su mano derecha, José Francisco Molina, cuando Moreno decidió enviarle un whatsapp diciendo ahí os quedáis, me hago a un lado y quiero resolver mi contrato, se monta la marimorena y, mientras Rubiales y Molina responde a 115 preguntas (o más), los abogados de Moreno y la federación se pelean en los despachos de Las Rozas. Muy, muy, muy transparente no ha debido ser el asunto.

Es evidente que, como siempre, a la federación, a Rubiales y a Molina les falta un buen Community manager, tan de moda. Es evidente que Robert Moreno se creía el rey del mambo cuando le dijeron (dicen) que era interino y que, en cuanto Luis Enrique levantase la mano, él iba a la calle y, tercero, es más que cristalino que esos dos amigos no eran amigos o, mejor aún, con amigos así no hace falta tener enemigos.

No hay duda que, en espera de que Moreno, con mejores resultados con España que el mismísimo Luis Enrique, dé sus explicaciones (si las da), Rubiales y Molina han querido echarle la culpa de todo lo ocurrido al joven seleccionador interino que se creyó en demasía que era el titular y no saben que parte del acuerdo no entendió o ha tergiversado.

En manos de los abogados

Ahora resulta que es un pecado creer que eres un gran profesional y sacar a España de un buen lio, el que se produjo cuando la federación aceptó un tipo de acuerdo, cierto, muy, muy humano y humanitario, pero, realmente, muy poco profesional: me hago a un lado y, cuando me recupere, vuelvo. Mientras, la presión, la responsabilidad, el marrón para Moreno, que lo ha hecho de cine.

Repito, si todo se hubiese producido con un 10 sobre 10 de transparencia, nadie hubiese hecho este ruido, nadie estaría pensando que algo se ha roto, nadie criticaría las formas de esta federación tan particular (la misma que, por dinero, envía la Supercopa a la ‘democracia’ de Arabia Saudi, después de impedir que la Liga juegue en Miami), nadie dudaría de la amistad entre Robert Moreno y Luis Enrique y, sobre todo, sobrarían abogados.

No hay duda: Roberto Moreno sabía que, cuando Luis Enrique quisiera, volvería. Insisto, si fuese tan sencillo como esto, alguien ha tardado en explicar que así era. Y, cuando lo ha hecho, los abogados ya estaban pleiteando con la federación. A la misma hora de la conferencia de Rubiales y Molina.

Temas: Robert Moreno