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ANÁLISIS

Riqui Puig es agarrado por Halilovic en un amistoso Barça-Milan en Estados Unidos.

EFE / JOHN G MABANGLO

Una foto multitudinaria para Riqui Puig

Sònia Gelmà

Cuando uno habla de paciencia para el fútbol base del Barça, siempre recurre a los mismos nombres: Iniesta y Xavi. Ambos necesitaron varios años en el primer equipo para tener regularidad y convertirse en esos jugadores únicos que aun hoy añora el barcelonismo. Antes del éxito coleccionaron disgustos, Xavi confesó en alguna ocasión que estuvo a un paso de irse al Milán y a Andrés Iniesta aun le duele hoy que Rikjaard le dejara fuera del once de la final de París.

Pero no todos han corrido la misma suerte, también hubo quien tuvo calma pero no oportunidades. O quien no la necesitó, como Sergio Busquets, a quien Guardiola subió un buen día del B y ya no volvió a pasar más que para saludar. Ese podría ser el caso de Ansu Fati que, hasta el momento, conoce a sus compañeros del filial porque se hizo la fotografía con ellos, pero poco más.

En cambio, Carles Pérez ha quemado etapas de manera más convencional. Tiene minutos con el primer equipo cuando toca y aún puede bajar a jugar a las órdenes de García Pimienta como este pasado fin de semana. Hay tantos caminos como jugadores, y cada uno sigue el suyo.

El secretario técnico del Barça, Eric Abidal, le recordaba este fin de semana a Riqui Puig –en entrevista al diario Sport—que era una apuesta del club, pero le recomendaba que mirara la fotografía global. Y esa imagen de la plantilla nos enseña que la delantera, con tan solo cuatro efectivos, es una invitación a mirar hacia abajo, mientras que hay hasta seis interiores para dos posiciones. O sea, una multitud.

No perder el tren

Y aunque Valverde no parece ser un gran enamorado de Riqui Puig, no hay que olvidar que el técnico pidió en verano que le aligeraran esa nómina de centrocampistas. Al fin y al cabo, se lleva mejor una mala cara de un rookie con ganas de tener minutos que una de un subcampeón mundial como Rakitic. Luego están los gustos personales y lo que es indiscutible es que Valverde se saltó jerarquías en cuanto vio un par de entrenamientos de Ansu Fati y, en cambio, no está dispuesto a dejar fuera de la lista a ningún sénior para dar cabida a Riqui Puig, no ya en los partidos sino tampoco en los entrenamientos.

El club no quiere que Riqui Puig se vaya en enero, porque su juego, ideal para la filosofía azulgrana, necesita un contexto muy determinado para poder triunfar. Las cesiones son un arma de doble filo, pueden ser muy útiles con minutos o una pérdida de tiempo si no se acierta. En una generación acostumbrada a la inmediatez, el joven canterano va a tener que ir contra natura. Porque aunque la Segunda B pueda ser –como él pretende-- una categoría de paso, lo importante es no perder un tren que si acelera y descarrila puede quedar en tierra de nadie.