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Dos miradas

Jacint Verdaguer. 

Número 7, 4º 2ª

Josep Maria Fonalleras

Quién le iba a decir a Verdaguer que un siglo más tarde sería inspiración de grupos musicales como Manel o Cabo San Roque

Hacia el final de su vida, Verdaguer tenía una cierta tendencia a verse como un bicho insignificante, ante la magnificencia del Creador y ante su propia convulsa pequeñez. Fue gusano y fue la hormiga que quería volver a "'l’hermosa plana'” después de sufrir el oprobio y la falsedad en las salas de palacio, "'enemic cruel'". ¡Quién le iba a decir que, más de un siglo después, aquel clamor íntimo terminaría siendo la inspiración de los Manel!

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Pero Verdaguer aún podía sospechar menos que un grupo tan radical y moderno como Cabo San Roque, tan experimental y fascinante, convirtiera sus exorcismos en un espectáculo, 'Dimonis', un montaje visual y sonoro de 40 minutos que toda esta semana puede verse en Girona, en Temporada Alta. La potencia estética (y moral) de esta renovada "casa d’oració", aquella famosa finca de la calle de Mirallers, número 7, 4º 2ª, radica en la mezcla de la palabra inflamada del poeta (dicha por un Niño de Elche en éxtasis espiritual) y la milimétrica sinfonía de percusiones, disonancias, gritos, ritmos vudús, engranajes diabólicos, cantos gregorianos y espasmos. "'Lo món està perdut'”, decía el poeta, extasiado ante el Maligno. Belleza y terror, Verdaguer contemporáneo.