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Crisis en Latinoamérica

Un polícia en Chile apunta con su arma a un manifestante.

Reuters

Estados de emergencia

Rafael Vilasanjuan

Si África es el continente de la pobreza, América Latina es el de la desigualdad, una inequidad generada en todos los casos por estados ausentes

Arde Latinoamérica. Síntomas de malestar económico, social y político inundan las calles, como si las primaveras, cansadas de buscar horizonte en los países del norte de África, hubieran decidido trasladarse ahora al otro lado del Atlántico. Chile, Bolivia, Ecuador... La proximidad geográfica y temporal de estas manifestaciones invita a considerar que, aunque puede haber razones distantes, algo profundo está pasado por la venas del continente hermano que, aunque suene diferente, puede que tenga mucho que ver.

En Chile fue la subida del billete del metro; en Ecuador, algo parecido con el precio de la gasolina. Las consecuencias han llevado a los gobiernos a entender que estaban tan lejos de la realidad que estas medidas, que podrían parecer inocuas, les han obligado a declarar el estado de emergencia. En Ecuador, la subida de los carburantes dejó sin margen a los transportistas y, como consecuencia, a toda la población indígena, que dejó de vender, por falta de trasporte, cosechas conseguidas con mucho sudor. En Chile, un Estado que Augusto Pinochet convirtió en el laboratorio de la Escuela de Chicago, la gente se ha cansado de vivir en uno de los países más desiguales en la distribución de riqueza. En un país donde el salario de los parlamentarios es 30 veces superior al de la media, apenas unos céntimos de subida en el billete de metro han sido suficientes para mostrar hasta qué punto la dignidad de las personas y su capacidad de salir adelante han dejado de estar relacionadas con un trabajo y un salario. Los estudiantes que empezaron esa revuelta no han salido a reclamar una bajada del billete del metro, ahora luchan por una nueva Constitución que los libere de la que todavía está vigente desde los tiempos del dictador.  

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Pudrideros sociales

Los sistemas económicos de Chile y Ecuador son auténticos pudrideros sociales, sin ascensor posible ni salidas válidas a la mayor parte de la población. El neoliberalismo lleva tiempo hundiendo a los países de América Latina, el problema es que los movimientos que pretendían romper estos desequilibrios no están saliendo mucho mejor. En BoliviaEvo Morales ha tenido que huir; de Venezuela no hace falta hablar, y Nicaragua se mantiene solo por el despotismo de un autócrata, Daniel Ortega, cada vez mas asediado. Tampoco los países de referencia cuentan. Brasil está entregado a un visionario ultra. Argentina, después de hundirse con el liberalismo, acaba de devolver el poder a un Gobierno populista que ya lo llevó a la ruina. Y Colombia, con un tercio de la guerrilla de nuevo echada al monte, se entrega a final de mes a un paro nacional que suena a hoguera en las calles.

Cada crisis tiene sus causas; cada país, sus problemas, pero todos comparten elementos comunes que los hacen vulnerables. No corren buenos tiempos en esta región del mundo y el potencial para desestabilizar es enorme. Si África es el continente de la pobreza, este es el de la desigualdad. Una inequidad generada en todos los casos por estados ausentes, que van cayendo uno a uno en estados de emergencia.