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Al contrataque

Encuentro de los presidentes Quim Torra y Pedro Sánchez.

RUBÉN MORENO

Traidores, imbéciles y cobardes

Carles Francino

Pasar a la historia como un cobarde o un imbécil tampoco me parece el mejor de los legados

Llevo más de 40 años ejerciendo de periodista y no recuerdo haber firmado ningún manifiesto. Los he visto de todos los colores y en defensa de las más variadas causas, pero siempre he pensado -y sigo pensando- que nuestro oficio requiere una cierta imparcialidad en las formas. No hablo de objetividad, porque eso no existe, sino de una cierta cautela para evitar la confusión entre opinión propia y militancia activa.

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Algunos compañeros me lo han afeado al considerarlo un exceso de pudor, y seguramente tengan razón. Soy un tiquismiquis. Tampoco he aceptado nunca hacer anuncios porque cuando estudié en Bellaterra me enseñaron que periodismo y publicidad no deberían mezclarse. También debo de ser un antiguo; y además burro por no pillar la pasta.

Pero en la batalla de los manifiestos finalmente he capitulado. Lo confieso: soy uno de los ilusos que apoyamos el documento 'Petición pública en favor de una negociación política en Catalunya'. Estoy de acuerdo en reclamar que “todos los actores implicados en el conflicto hagan un esfuerzo por desescalar la tensión social”, en “detener cuanto antes la espiral de violencia”, en “abandonar la estrategia de judicializar un conflicto de clara naturaleza política” y también en que “los gobiernos catalán y español acuerden una ronda de negociaciones, que deberían llevarse a cabo con buena fe, y buscar una solución razonable”.

Es mi acta de rendición: he firmado; la única reacción que me queda ante esa bola que crece de forma desenfrenada a lomos de los talibanes de la unidad de España y los campeones del independentismo, que complicando la vida de los catalanes se sienten tan importantes. Aunque existe otro motivo: que entre los centenares de firmantes del manifiesto aparecen personas que piensan cosas muy diferentes sobre cómo debería ser el futuro de Catalunya y de España. ¡Y precisamente por eso proponen diálogo! Porque dialogar supone aceptar argumentos que no son tuyos, renunciar a algunos propios y buscar zonas de encuentro. Nada de eso está de moda y así nos va: cada día más encabronados, más frustrados y más escépticos.

El tuit de Teodoro García Egea cuando un parlamentario del PNV cayó en el saco del PP, diciendo “otro diputado para España” o aquel delirante comunicado de los CDR titulado 'Independencia o barbarie' son dos ejemplos palmarios. No me gusta el uso abusivo que se hace del término 'fascismo', pero la diferencia entre un patriota y un facha es que el primero ama su país; el segundo trata de apropiarse de él. Y creo que ambos ejemplos retratan a sus protagonistas. No sé, imagino que debe resultar muy duro que te llamen traidor. Pero pasar a la historia como un cobarde o un imbécil tampoco me parece el mejor de los legados.