Las consecuencias del 10-N

Con Rivera, no

En política, en ocasiones sobran aduladores y faltan críticos, sobra soberbia y falta humildad, además de grandes dosis de realismo y de pisar la calle

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Albert Rivera, en la última jornada de la investidura.

Albert Rivera, en la última jornada de la investidura. / DAVID CASTRO

Noche del 28 de abril del presente año, noche de victoria para Sánchez como futuro presidente de España, noche en la que los militantes que iban a aplaudirle por lo conseguido en las urnas gritaban en la calle Ferraz alto y rotundo: “Con Rivera, no”. En la calle Alcalá, sede de Cs, también se celebraba el éxito. Hace solo siete meses de aquello y ahora, evidentemente, con Rivera no va a ser, porque el líder de Ciudadanos -que hoy 15 de noviembre celebra su 40º cumpleaños- ha decidido abandonar su carrera a la Moncloa tras el letal resultado que le diagnosticaron las urnas al pasar, en tan poco tiempo, de 57 diputados a 10. Golpe duro y partida mal jugada para un líder que ha vivido por y para hacer crecer un partido de la nada. Trece años de intenso trabajo, de demasiado tiempo robado a la familia para dar voz a un proyecto de centro que al final no supo ocupar el centro, y no solo eso, sino que el giro a la derecha le ha pasado una gran factura.

Del cielo al infierno

Sánchez, Casado y ahora, por desgracia, Abascal dejan de tener un buen adversario político. Para Iglesias nunca lo fue. El Congreso pierde un actor clave y la única hija de Albert, por ahora, ganará un padre más presente, al que veremos en cualquier momento liderando otro proyecto. Los líderes no descansan. Rivera se equivocó en las formas, en las palabras represivas contra Catalunya en lugar de buscar la convivencia por la que tanto había luchado en el Parlament, en algo tan simbólico como sacar un adoquín en un debate tan crucial , como lo es el único que esta vez se ofreció por televisión. Perdió el rumbo político y pasó del cielo al infierno en un suspiro. En política, en ocasiones sobran aduladores y faltan críticos, sobra soberbia y falta humildad, además de grandes dosis de realismo y de pisar la calle.

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Sánchez, pese a haber perdido tres diputados, pese a seguir en el mismo punto de partida que en la convocatoria electoral anterior, o peor, pese a la irrupción por la puerta grande de un partido antidemocrático como Vox, debe alegrarse de haber perdido de vista para los próximos años de gobierno a un líder de la oratoria como era Rivera. Ahora, hay que tener presidente, gobierno y empezar de una vez por todas a desbloquear el país; ahora toca también Catalunya. Asistimos a la escenografía propia de una negociación en la que todos van a máximos, en el estira y afloja para conseguir apoyos. ERC tiene mucho que decir en este escenario; debe decidir si quiere un gobierno de izquierdas favorable en teoría a sentarse a hablar para resolver el conflicto político en Catalunya o quiere a los del 155 apretando y forzando actitudes represivas. Salgamos ya del postureo, de los faroles, y empiecen a trabajar, señorías, que han generado demasiado desaguisado para los ciudadanos de a pie. Desde el 10-N hemos visto claro que para arreglar las cosas lo único que es necesario es voluntad política, generosidad y altura de miras. Más gestión y menos politiqueo. Nada más o demasiado para muchos.