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Pacto de Gobierno

Parece que algo han aprendido

LEONARD BEARD

Parece que algo han aprendido

Antón Costas

La repetición de las elecciones ha permitido a cada uno conocer mejor su perímetro de poder. Les ha hecho más humildes y realistas. Les ha enseñado a contar con alguno de los otros para poder gobernar. Por esto ha valido la pena pagar ese coste

¿Por qué la repetición de elecciones ha tenido el efecto terapéutico de que Pedro Sánchez haya perdido el miedo a no poder conciliar el sueño teniendo a Pablo Iglesias formando parte de su gobierno

La motivación real para ese cambio de conducta pertenece al arcano del propio Pedro Sánchez. Hasta que él no lo aclare, no lo sabremos con certeza. Mientras, la explicación más habitual es que la medicina ha sido Vox. El crecimiento electoral de esta formación y, el hecho de que en las próximas elecciones pueda continuar creciendo en los caladeros de votos del PSOE y de Unidas Podemos, habría tenido ese efecto terapéutico.

Es posible que sea esa la razón. Pero yo tengo para mí que hay otra explicación más positiva: la repetición de las elecciones ha tenido el efecto pedagógico de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hayan aprendido a gobernar en coalición.

El principio de realidad

Esa fue la idea que expuse en una columna anterior ('El coste de aprender a gobernar').  Sostenía que la repetición de elecciones era el coste que los ciudadanos teníamos que pagar para que una nueva generación de políticos novatos aprendieran a gobernar. Es decir, para que confrontasen su desmedida ambición con el principio de realidad y fuesen más conscientes de sus límites.

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Todos habían llegado con la ambición de aumentar las fronteras de su poder dando un zarpazo a sus rivales. Pablo Iglesias al PSOE. Pedro Sánchez a Ciudadanos. Albert Rivera al Partido Popular. Y Pablo Casado a Vox.

La repetición de las elecciones ha permitido a cada uno conocer mejor su perímetro de poder. Les ha hecho más humildes y realistas. Les ha enseñado a contar con alguno de los otros para poder gobernar. Por esto ha valido la pena pagar ese coste.

Pedro Sánchez se ha convencido de que la única forma coherente que tiene de constituir un gobierno potencialmente estable es formando coalición con Pablo Iglesias. Pero este, a su vez, parece haber aprendido la importancia de garantizar su lealtad a Pedro Sánchez y a la Constitución, especialmente en la cuestión catalana. Y también acepta el principio de realidad que significa pertenecer a la UE. Quizá esto es lo que explica que Pedro Sánchez piense que ahora sí podrá conciliar el sueño.

Pero este acuerdo es solo el inicio. Por delante hay un camino a lo largo del cual tendrán que demostrar que, de verdad, han aprendido a gobernar juntos.

El primer reto era atemperar el temor de los inversores internacionales, de los empresarios españoles y de la UE a una coalición de centro izquierda inédita tanto en España como en Europa. Por eso previamente Pedro Sánchez puso la venda antes de que apareciese la herida anunciando el nombramiento de la ministra Calviño como vicepresidenta económica. Fue la primera señal de lo que iba a venir inmediatamente después de las elecciones.

El segundo reto es articular lograr el número de apoyos parlamentarios necesarios no solo para formar gobierno, sino también para que sea estable y pueda aprobar presupuestos. No será fácil.

Desafíos sociales y económicos

El tercero será definir prioridades y diseñar políticas capaces de afrontar los grandes desafíos sociales y económicos. Se trata de fomentar una economía dinámica y competitiva que, a la vez que mantiene los superávits comerciales que ha logrado, cree mejores empleos y reparta de forma equitativa y eficiente el excedente empresarial entre salarios, sueldos y dividendos.

A la vez, tendrá que hacer políticas sociales eficaces contra la emergencia nacional que significa la nueva pobreza de niños y jóvenes y la falta de igualdad de oportunidades. Y hacerlas compatibles con el mantenimiento de los equilibrios financieros y los compromisos con la UE, todo ello en un contexto de ralentización de la economía. Si no lo logra, en las próximas elecciones Vox pescará en los caladeros de votos del PSOE y Unidas Podemos.

El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez tendrá que abordar también la cuestión territorial, con Catalunya como principal quebradero de cabeza. Abordar la cuestión catalana exigirá valentía desde Madrid y realismo desde Catalunya. El Govern de Quim Torra no está en condiciones de hablar en nombre de todos los catalanes. Mientras no se acepte este principio de realidad seguiremos empantanados.  

Ya iremos viendo. De momento pienso que podemos decir que la repetición de elecciones ha tenido la virtud de que algo han aprendido Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre el arte de gobernar.