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Voluntad de éxito

Yo-Yo Ma y Andrea Motis, al acabar el concierto en el Palau y recibir una apoteósica ovación.

BCN CLASSICS

Entre error y error...

Carles Sans

Nos aferramos a la ilusión de que la fortuna nos favorecerá, y gracias a esa esperanza continuamos una y otra vez a la búsqueda del acierto

La vida es un constante devenir de aciertos y errores, aunque lo más habitual es que estos últimos superen en número a los primeros. La mayoría de las personas tendemos al pesimismo porque sabemos que hay muchas más posibilidades de que las cosas salgan mal a que nos salgan bien.

Frente a cualquier emprendimiento tenemos por delante un número ilimitado de errores. Tal y como dice H. M. Enzensberger en 'Reflexiones del señor Z', “Las leyes de la probabilidad abogan por que la mayor parte de las cosas fracasen.” Muestras las encontraríamos a miles. Por ejemplo, cualquier empresario de teatro cuenta con que a fin de temporada los aciertos habrán sido escasos frente a la mayoría de los fracasos programados. Y no estoy hablando de un mal empresario. Las productoras de cine ya cuentan con que un éxito les sufrague los fracasos de muchas películas fallidas. Los proyectos empresariales suelen contar con diversos fracasos y cualquier deportista calcula el evitar cometer errores si quiere ganar; justamente la victoria se basa en las habilidades propias, pero sobre todo en el número de errores que cometa el contrario durante un partido.

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A pesar de todo esto, nos aferramos a la ilusión de que la fortuna nos favorecerá, y gracias a esa esperanza continuamos una y otra vez a la búsqueda del acierto que nos afirme como individuos de éxito en todo aquello que promovamos en lo profesional, sentimental o creativo. En el libro anteriormente citado, el autor utiliza un ejemplo de nuestra voluntad de éxito, subrayando la capacidad de sugestión que manejamos pensando que en cualquier momento daremos con la tecla que hará que acertemos. Dice que cuando nos sale un reintegro en la lotería, resulta que nos alegramos. En lugar de pensar que tenemos un billete no premiado, creemos que se nos ha concedido una nueva oportunidad. Esta es la actitud que, tras un fracaso, nos empuja de nuevo a emprender una y otra vez nuevas decisiones con el empeño de que esta vez ya no exista error posible. A veces se acertará. Otras muchas, volveremos a errar.