19 feb 2020

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Análisis

Pedro Sánchez, su su esposa, comparece tras el escrutinio.

JOSÉ LUIS ROCA

Un Congreso para equilibristas

Anna Cristeto

Sánchez deberá buscar la gobernabilidad ante una derecha fiscalizada por Vox y un independentismo que se afianza

El chorro polar anunciado ha dejado temperaturas invernales en España y una sensación térmica más baja de lo habitual en las sedes de algunos partidos. Las expectativas del PSOE, que se enfriaron a medida que se acercaba al 10-N, fueron demasiado optimistas. Con todo, Pedro Sánchez ha vuelto a ganar las elecciones pero con tres diputados menos. Demasiadas alforjas para este viaje electoral. En Ciudadanos, el invierno también se ha avanzado y el futuro político de Albert Rivera parece cubierto de un grueso manto de nieve. Su solidez como tercera fuerza se ha desmoronado como un castillo de naipes para dejar paso a Vox, cuyo líder, Santiago Abascal, se tuesta al sol con la repetición electoral.

El resultado del domingo deja todavía un escenario más fragmentado. Así amanecerá este lunes el Congreso de Diputados, con un reparto de escaños que requerirá de altura de miras, expresión usada por el propio Sánchez, y de verdaderas dotes de equilibrista para que la gobernabilidad se adapte a la cuerda floja por la que debe caminar.

Dificil investidura

En Ferraz vivirán seguramente semanas asidos con fuerza a un ábaco electoral que les permita una investidura exprés por ahora difícil. Mirando a su izquierda, la pérdida de votantes de Unidas Podemos es significativa y nada hace indicar que las demandas de Pablo Iglesias para dar su apoyo pudieran ser más modestas. Los recelos irían a más si Sánchez escrudiña una abstención del PP, aunque para ello los populares deban superar el vértigo al tener a Vox al acecho.

La sombra de Santiago Abascal es hoy más alargada y abarcará 52 escaños en el hemiciclo. La ultraderecha irrumpió en abril y ahora las urnas han concedido a los extremistas el papel de tercera fuerza. Parafraseando a Edmund Burke, para que la ultraderecha triunfe solo hace falta que los demócratas no hagan nada. El pacto que Ciudadanos y PP sellaron con Vox en Andalucía o Madrid ha dado visos de legitimidad a un discurso populista que ha deambulado sin problemas en campaña.

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En paralelo, el independentismo se ha visto reforzado al entrar un nuevo actor: dos diputados de la CUP, con dirigentes que ya han campado por un hemiciclo vacío alardeando de hacer cosas prohibidas. ERC, que ha cedido dos escaños, se mantiene como primera fuerza en Catalunya y, sin minimizar la caída, centrará sus esfuerzos en afrontar unas elecciones catalanas con garantías de victoria. Su socio en el Govern, JxCat, también antepone su agenda catalana con el calendario que marque Puigdemont.

Sin duda otra derivada de la noche es la relación con Catalunya. A partir de este lunes la vía para desescalar la confrontación puede alejarse. Las alianzas que necesite forjar Sánchez le pueden maniatar ante la cuestión territorial. ERC puede ser también clave en la suma aunque la divergencia de estrategia con JxCat, más la influencia de la CUP, puede destruir un diálogo sin exigencias.

España necesita un Gobierno pero hoy afronta un escenario más difícil. Unos terceros comicios alimentarían la sensación de letargo y de inestabilidad. Solo la pronta formación de un Ejecutivo puede enviar un mensaje de confianza a Europa ante el auge de la extrema derecha.