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Editorial

Las urnas y el tsunami

El Govern de la Generalitat no puede alentar acciones que supongan un sabotaje a la economía catalana

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El Periódico

Corte de la AP-7 en La Jonquera, por la convocatoria de Tsunami Democràtic.

Corte de la AP-7 en La Jonquera, por la convocatoria de Tsunami Democràtic. / GLÒRIA SÀNCHEZ / ICONNA

El independentismo ha salido reforzado del 10-N, la primera cita con las urnas que ha permitido calibrar el parecer de la sociedad catalana después de la sentencia del Tribunal Supremo (TS) a los líderes del ‘procés’. En bloque, el independentismo logró su mejor resultado en unas elecciones generales, y ERC fue el partido más votado, tercera victoria en este 2019 después del 28-A y de las municipales. Junts per Catalunya (JxCat) aumentó en un diputado su presencia en Madrid, lo que fue recibido casi como una victoria por el espacio posconvergente, mientras que la CUP logró entrar en el Congreso con dos diputados.

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Aun así, los números también indican que pese a su subida el independentismo no logra la mayoría de los escaños ni el 50% de los votos. Y es que el PSC también tuvo un buen resultado tras una campaña difícil  por la polarización y el endurecimiento del discurso de Sánchez y En Comú Podem mantuvo sus siete escaños. Los catalanes volvieron a dibujar la misma foto fija que se repite elección tras elección: el independentismo no pasa el umbral del 50% de los votos. En términos internos, pese a la victoria del ERC, los postulados más duros de JxCat y la CUP se han visto premiados, un mensaje cara a la previsible celebración de elecciones en Catalunya. Sin embargo, los ciudadanos siguen dando mayoritariamente su confianza a ERC y PSC en Catalunya, un mandato democrático que otorga a estos dos partidos la responsabilidad de buscar una salida política.

No obstante, los llamamientos al diálogo del independentismo se ven empañados por las iniciativas del Tsunami Democràtic. Su acción de ayer (bloquear la frontera de La Junquera) no ayuda a crear un ambiente propicio a la negociación que el independentismo dice querer. Y sí perjudica la economía catalana, además de afectar a las personas atrapadas en la frontera. Como reclama la patronal Foment, el papel del Govern no debe ser el de animar estos sabotajes al funcionamiento normal del país sino el de garantizar la libre circulación en infraestructuras claves como los accesos a la frontera con Francia.