01 jun 2020

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ANÁLISIS

Rubiales y el príncipe Abdulaziz Bin Turki Alfaisal, presidente de la autoridad general del deporte de Arabia Saudi, ayer en Madrid. 

EFE / KIKO HUESCA

Enséñame la pasta (Show me the money)

Sònia Gelmà

Show me the money. La frase entró en el imaginario colectivo a través de Jerry Maguire, aquella película protagonizada por un ambicioso agente caído en desgracia que se encontró representando a un jugador de fútbol americano. ¡Enséñame la pasta!, le gritaba Cuba Gooding Jr. a Tom Cruise mientras botaba alegremente por su cocina. El fútbol americano era su medio de vida y su única intención era salir vivo y con dinero de aquel trabajo. No había romanticismo en su profesión. La película no retrataba un deporte, sino un negocio. Y eso también es el fútbol actual.

Disfrazarse de buenos samaritanos

Pero de vez en cuando, a alguien le entran remordimientos. Se miran al espejo y no acaban de gustarse. Por eso, como hace ahora Rubiales, intentan disfrazarse de buenos samaritanos. Por lo visto hay que agradecer que las mujeres podrán asistir a la Supercopa española vistiéndose como quieran, increíble ¿verdad? Y aún más, no tendrán que estar aisladas en las gradas, podrán sentarse al lado de quien quieran. Asombroso.

Hace tiempo que el fútbol es un negocio. Por lo tanto no lo disfracen, hablen claro porque lo contrario chirría y subestima groseramente nuestra inteligencia

Y todo gracias a la Federación Española de Fútbol que ha puesto una serie de "exigentes" condiciones a cambio del acuerdo. Porque lo que quieren es hacer el bien en Arabia Saudita, el destino elegido para contribuir a que se cumplan los derechos humanos. Las mujeres continuarán siendo azotadas cuando las autoridades lo consideren oportuno, y seguirán siendo tuteladas por hombres, que son los que saben lo que les conviene.

Pero oigan, que la Federación no puede estar en todo, llevarles la Supercopa es un primer paso para la igualdad. Todo parecerá normal durante esa hora y media que duran los partidos. En resumen, Rubiales miró los números de su Federación y, de manera legítima, encontró en la Supercopa un producto para exprimir. Y desde su cocina, o desde su despacho, simplemente gritó: ¡Enséñame la pasta! Y resultó que quien ponía más dinero sobre la mesa era Arabia Saudí.

No hace falta disimular. Desde el momento en que el torneo se amplía a cuatro equipos, dos de los cuales no son campeones de nada, y se hacen juegos malabares para que el Real Madrid sea uno de ellos, resulta evidente que se trata de conseguir el mejor negocio posible. Un clásico vale mucho más que un Barça-Valencia.

La sede más lucrativa

A partir de ahí, se busca la sede más lucrativa y aún se saca más rédito a la competición. El fútbol hace tiempo que es un negocio, poco a poco el público lo ha asumido. Por lo tanto, no lo disfracen, hablen claro porque lo contrario chirría y subestima groseramente nuestra inteligencia. El nuevo formato busca ingresar más dinero y los jeques son los que más pagan. No nos vengan ahora con escrúpulos. Enséñame la pasta, el lema de Rubiales compartido con Tebas. Después de todo, no son tan diferentes.