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El 10-N y el conflcto catalán

Alegría entre los dirigientes de ERC, en el Pavelló de l’Estació del Nord.

FERRAN NADEU

La hora de socialistas y republicanos

Josep Martí Blanch

España será ingobernable mientras sus líderes políticos no se atrevan a mirar a los ojos del independentismo

Lo que ya sabíamos. España será ingobernable mientras sus líderes políticos no se atrevan a mirar a los ojos del independentismo. Podemos sacar el microscopio para ver con detalle los resultados electorales, desmenuzar coyunturas y añadir infinitos matices y adornos. Pero lo fundamental está ya escrito y va más allá de la destrucción de Ciudadanos, el encumbramiento de Vox, la recuperación del PP o la frivolidad de Sánchez. No hay gobernabilidad posible, incluso si llegaran a alcanzarse esta vez acuerdos de investidura, para un país que se niega a debatir seriamente sobre una crisis de Estado cronificada.

En Catalunya los resultados afianzan a ERC como formación política preferida del soberanismo. El Tsunami puede cortar carreteras y autopistas, pero el electorado sigue premiando y consolidando el liderazgo de los de Oriol Junqueras, que son quienes mejor leen la complejidad de la sociedad catalana desde el frente independentista tras el volantazo que protagonizaron después del desastre de octubre de 2017.

La nueva oleada de emocionalidad

En el campo constitucionalista la consolidada resurrección del PSC deja claro que también en este bloque la opción preferida, a pesar de la nueva oleada de emocionalidad derivada de la sentencia, se aleja de los maximalismos verbales y programáticos de Cs que, como los rockeros más impenitentes, ha vivido rápido y muerto joven, solo que no ha dejado un bonito cadáver. Mientras, PP y Vox siguen habitando en la marginalidad.

Los votos equivalen, o deberían, a responsabilidad. En este sentido -y pendientes de lo que Pedro Sánchez se atreva a explorar en la búsqueda de apoyos para su investidura- el electorado catalán (soberanista y no) ha apostado por cargar en las espaldas de republicanos y socialistas la búsqueda de una solución al conflicto político que nos acompaña desde 2012.

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Falta que este encargo se concrete y traduzca también en el Parlament en cuanto se convoquen elecciones autonómicas. Deberían ser pronto, pero los republicanos no se atreverán a forzarlas de inmediato a pesar de la reiterada incapacidad demostrada por Quim Torra para seguir al frente de la Generalitat.

El lío es y sigue siendo fenomenal. Aunque a decir verdad nada ha cambiado sustancialmente. La ultraderecha, antes camuflada, campa ahora a cara descubierta. Puede que incluso sea mejor así, y que de esta guisa pueda recuperarse el valor de la palabra liberal para sus verdaderos usos. Pero por lo demás, todo sigue pendiente de que por una vez el coraje sustituya al tacticismo y que el socialismo español entienda que, a pesar de todo, tiene el encargo de arriesgar, exactamente igual que los republicanos catalanes.

Si existe un Pedro Sánchez valiente y con sentido de la responsabilidad va siendo hora de que salga del armario. Tampoco debiera tardar mucho Pere Aragonés en calzarse las botas del liderazgo y asumir con decisión el protagonismo que el soberanismo le otorga reiteradamente a su partido. ¿Sería esto suficiente? Sería un principio y por algo se empieza. No es optimismo. Es solo que tenemos muchos días por delante para seguir militando en el pesimismo y darnos de nuevo de bruces con la ley de la gravedad de la política que dice, en su formulación primera, que si algo puede empeorar acaba haciéndolo.