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La gestión de los resultados

Pedro Sánchez, en el mitin de Castelló, el jueves.

MIGUEL LORENZO

Y ahora ¿qué?

Rosa Paz

Si Sánchez quiere evitar unas terceras elecciones que podrían ser suicidas para él y para toda la izquierda, tendrá que administrar los resultados con más eficacia que el 28-A

Los resultados electorales han venido a demostrar que la repetición de las elecciones no ha sido una buena idea para el PSOE. No solo por el dramático ascenso de la ultraderecha, malo para todos, sino porque la izquierda, que sigue sumando más escaños que la derecha, ha salido debilitada frente a las posiciones que consiguió el 28 de abril, 166 escaños entonces, 158 ahora. Las posibilidades de que Pedro Sánchez sea investido presidente y de que se forme un Gobierno estable son, por lo tanto, más o menos las mismas, o peores, que las que había en julio y en septiembre y pueden seguir dependiendo de la abstención de ERC.

Los resultados, además, hay que medirlos también respecto a las expectativas que tenía cada cual y cuando en Moncloa prefirieron volver a las urnas antes que conformar un Gobierno de coalición con Unidas Podemos lo hicieron pensando que en una segunda convocatoria reforzarían su posición. Así lo decían los sondeos que manejaban el pasado verano y que auguraban para el PSOE entre 140 y 150 escaños. La encuesta electoral del CIS de Tezanos, conocida el 29 de octubre, también vaticinaba un resultado parecido (entre 133 y 150 diputados), muy lejos del que finalmente ha obtenido. Ese resultado hubiera permitido a Sánchez negociar desde una mayor fortaleza con la formación de Pablo Iglesias y no tener que depender del apoyo directo o indirecto de los independentistas catalanes. Estaba además la posibilidad de que Ciudadanos cambiara de posición, y parecía dispuesto a hacerlo, pero su resultado electoral —10 escaños— lo relega a la insignificancia.

Tampoco ha favorecido a las expectativas de Sánchez la reacción en Catalunya a la sentencia del ‘procés’ ni la retransmisión en directo de los violentos disturbios que se produjeron durante la primera semana en Barcelona, porque en ese ambiente muchos votantes del resto de España no han acabado de entender su posición de contención frente a las medidas extraordinarias que exigía la derecha, ni ha quedado claro en el discurso del candidado socialista si mantenía también la mano tendida al diálogo para cuando las cosas se calmen. En cualquier caso, Catalunya no da votos a la izquierda mientras engorda el saco de la derecha.

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El PSOE ha vuelto a ser, con todo, el partido más votado, a gran distancia de la segunda fuerza, el PP, y, por tanto, es a Pedro Sánchez a quien corresponde de nuevo buscar alianzas para su investidura y para ese Gobierno estable que quiere conformar y que el país necesita. No ha conseguido que los votantes, muchos enfadados por la nueva convocatoria electoral, le dieran ese apoyo más claro que pidió para poder manejarse con las manos más libres. La fragmentación política se mantiene y los electores no han reforzado, como algunos gurús electorales pensaban, el bipartidismo. Así que en esta ocasión, si quiere evitar unas terceras elecciones que podrían ser suicidas para él y para toda la izquierda, tendrá que administrar los resultados con más eficacia que el 28-A y buscar la manera de sellar alianzas sólidas. Una tarea a la que deberán contribuir también los otros partidos.