Ir a contenido

Chequeo

La ministra de Economía, Nadia Calviño.

JOSÉ LUIS ROCA

Calviño es el mensaje

Rosa María Sánchez

La posibilidad de que sea vicepresidenta envía recados a Europa, a los mercados, a empresarios, a sindicatos, al propio PSOE y al resto de partidos políticos

Supongo que en las facultades de Ciencias de la Información se sigue estudiando el pensamiento del Marshall Mcluhan (Canadá 1911-1980), el teórico de la comunicación que, entre otras aportaciones, acuñó la célebre frase de “el medio es el mensaje”. Simplificando, la frase evoca que el ‘medio’ que se utiliza para transmitir una idea no es solo un canal instrumental, sino que forma parte del mensaje mismo que se intenta comunicar. Lo refuerza, si se hacer con acierto. Lo desvirtúa, si no. Y en todo caso aporta aditivos que transcienden el mero significante formal del mensajes.

Viene esta reflexión al caso del anuncio del candidato Pedro Sánchez de nombrar vicepresidenta económica a la actual ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, si el PSOE logra formar Gobierno tras las elecciones generales. Era uno de los anuncios que Sánchez llevó preparados para lanzar en el debate televisivo entre candidatos del pasado lunes. Lo lanzó, sin más, convirtiendo a Calviño en el medio para lanzar múltiples mensajes a diestro y siniestro que no hacía falta explicar.

Calviño es el mensaje. Es el mensaje de estabilidad presupuestaria y ortodoxia económica que Sánchez quiere enviar a los mercados financieros, a la Unión Europea y al mundo empresarial. La trayectoria profesional de la ministra y su conocimiento de las instituciones y las reglas europeas avalan este mensaje sin necesidad de extenderse en dar explicaciones.

Pero el ‘medio Calviño’ (pido perdón por la licencia a la persona que por encima de todo es la ministra de Economía) también es portador de un mensaje interno, en el PSOE y en un hipotético Gobierno de Pedro Sánchez. En los 18 meses de vida del Ejecutivo no ha salido a la luz nada parecido a los chispazos que en el anterior Gobierno afloraron entre el exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y su exhomónimo de Economía, Luis de Guindos. Pero sí se han apuntado discrepancias importantes, por ejemplo, sobre qué hacer con la reforma laboral heredada del PP: si derogarla completamente —como parecía preferir la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio—, o solo “en sus aspectos más lesivos”, como ha acabado acuñando Calviño, para irritación del mundo sindical y tranquilidad del empresariado.

La figura de Calviño, además, es portadora de un tercer mensaje que en el marco del debate televisivo tenía que ver con las posibles preferencias de para la formación de un Gobierno que Sánchez no quiso explicitar. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, lo interpretó rápidamente como un puente tendido a PP y Ciudadanos y otro portazo más de Sánchez a negociar con la formación morada.

Y todo esto, sin necesidad de tener que explicar nada, porque el medio era el mensaje.