01 dic 2020

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Ciencia

Huelga en la universidad

MONRA

Huelga en la universidad

Pere Puigdomènech

Es una cuestión de juventud y de ganas de cambiar una sociedad en la que ven defectos

Estos días se habla de la universidad porque hay huelgas de estudiantes, porque hay grupos que quieren dar clase y porque los rectores han reaccionado facilitando la evaluación de las materias en caso de pérdida de clases. Que nos preocupen las universidades es una buena señal aunque quizá deberíamos hacerlo por otras razones. Entre otras, porque una de las funciones de la universidad debería ser la de facilitar la producción de ciencia entre sus miembros.

Que los estudiantes universitarios decidan participar en discusiones políticas no es ninguna novedad. Lo han hecho probablemente desde que existen las universidades. Es una cuestión de juventud y de ganas de cambiar una sociedad en la que ven defectos. Si se les dice que las universidades están destinadas a formar a los profesionales más influyentes del futuro, es comprensible que reflexionen sobre la sociedad y quieran ser activos desde el primer momento. Solo hay que recordar lo que hacíamos los estudiantes en los años 60 cuando las Universidades eran uno de los centros de agitación contra el régimen franquista.

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Está claro que la huelga de estudiantes puede parecer una acción contradictoria. No va dirigida a ningún patrón que saldrá perjudicado por esta acción, sino que en realidad quien pierde es el estudiante mismo porque pierde oportunidades de adquirir conocimientos. Algunos de ellos pueden considerar que sus acciones políticas pueden acabar teniendo más valor para ellos y para todos. Pero de forma creciente hay un porcentaje que no se resigna a perder clases. El caso es especialmente cierto en el caso de másters en los que los estudiantes tienen que pagar un precio más alto por la educación y se puede entender que el seguimiento de las huelgas sea ahí relativamente bajo.

 Todo paralizado

La otra cuestión es lo que deben hacer profesores y autoridades académicas. La comunidad universitaria es muy diversa en todos los aspectos y este es uno de sus valores más importantes. Habrá por tanto enseñantes que tengan ideas políticas muy diferentes y su actitud hacia las reivindicaciones y las acciones de los estudiantes sean divergentes. En caso de huelga a los profesores se les pone en situaciones complicadas que tratan de capear como pueden. Y en muchos casos es también lo que pueden hacer las autoridades académicas. Los claustros de profesores y los equipos de gobierno están formados por profesionales con ideas diversas de servicio en el país y la universidad que expresan de muchas maneras. En estos momentos las autoridades académicas son escogidas por el claustro y sus poderes de gobierno son limitados.

La necesidad de reformar del sistema de gobierno de las universidades es uno de los temas en los que hay un acuerdo más generalizado. Pueden darse contradicciones entre la necesidad para una institución que tiene financiación pública de responder de la eficacia de la gestión y la forma como los equipos son elegidos por claustros que se sienten soberanos y en los que profesores, estudiantes y administrativos pueden llegar a compromisos complejos. Los sistemas internos de toma de decisiones oscilan también entre un sentido democrático y las necesidades de una organización pública. El hecho es que hace años que se habla de reorganizar los sistemas de gobierno de las universidades como parte de una reforma profunda de su estructura y su funcionamiento. Ha habido informes y propuestas, pero la parálisis política a nivel del Estado ha hecho que no se haya tomado ninguna decisión. Por si fuera poco, la bajada presupuestaria en Catalunya ha dejado las universidades sin capacidad de respuesta.

En los años 60,
las universidades eran
uno de los centros de agitación contra el régimen franquista

Los tiempos que vienen son especialmente importantes para nuestra universidad. En un entorno donde la información fluye de forma acelerada, la forma en que se enseñan las disciplinas científicas debe adaptarse necesariamente. Y en muchos casos se trata de disciplinas en las que cada día se crean nuevos conocimientos y nuevas oportunidades. Por lo tanto la proximidad entre enseñanza e investigación es esencial. En nuestro país nos encontramos con una ola de jubilaciones de profesores que entraron en los años 80 y sería la ocasión de atraer a nuestras universidades jóvenes científicos bien cualificados que a menudo están en el extranjero. Desgraciadamente los equipos de gobierno no tienen instrumentos de gobierno adaptados, los mecanismos de provisión de plazas siguen como siempre y los presupuestos están estancados a la baja. No es de extrañar que los estudiantes no encuentren en las aulas el estímulo adecuado y busquen fuera de la universidad respuestas de tipo político, ni que las autoridades académicas busquen soluciones de compromiso para no crear un mal mayor.