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IDEAS

El legado de J.D. Salinger

El legado de J.D. Salinger

Jordi Puntí

Desde hace unas semanas, la biblioteca pública de Nueva York tiene en exhibición una serie de materiales del escritor J.D. Salinger. Se pueden ver, por ejemplo, el manuscrito de 'El guardián entre el centeno', con correcciones de su mano, correspondencia diversa, libros de su biblioteca, objetos personales como una de sus máquinas de escribir, fotografías familiares, etcétera. Es decir, todo lo que se suele llamar la memorabilia y que, en su caso, al haber sido durante más de 50 años un escritor recluido, ahora deshace un poco el misterio de su leyenda y a la vez lo agranda.

Es posible que Salinger siguiera escribiendo para llenar obsesivamente el vacío creativo de los Glass

Los objetos y papeles de Salinger nos acercan su figura de culto y quizá nos ayudarán a entender algunos detalles de su vida, pero por el momento se mantiene el interrogante máximo: ¿qué obra dejó inédita Salinger? El último texto que publicó en vida es de 1965, una narración titulada 'Hapworth 16, 1924' que apareció en la revista 'The New Yorker', y las reacciones negativas por parte de críticos como George Steiner o John Updike lo llevaron a encerrarse y dejar de publicar. Después de su muerte, en el 2010, su hijo Matt Salinger contó que sí, que había mucha obra, pero por ahora no ha aparecido ninguna propuesta concreta. ¿Qué podemos esperar, pues?

Ese último relato en el 'New Yorker' era una carta que Seymour Glass enviaba a sus padres desde un campamento de verano. El estilo complejo, que reproducía el pensamiento de un niño superdotado y esnob, hace pensar que Salinger estaba ya cautivado por la familia Glass. El grupo de hermanos, de Seymour a Franny, Zooey, Boo Boo o Walt, habían protagonizado todos sus últimos textos, y además con una identificación clara, biográfica, del autor con el hermano llamado Buddy, que era el narrador que dominaba el relato 'Seymour: una introducción'. Es plausible, pues, que Salinger continuara escribiendo para llenar obsesivamente el vacío creativo de los Glass, por ejemplo con las cartas que se enviaban los hermanos, la obra poética de uno de ellos, el dietario de otro... Un proyecto vital que le daba una vida paralela, de ficción, y que quién sabe si con los años también le abrió la puerta de la locura.