Ir a contenido

Peccata minuta

Peón de ajedrez frente al espejo.

123RF

El espejo de la verdad

Joan Ollé

Acostumbro a consultar el diccionario para, en caso de duda, saber qué se esconde exactamente detrás de cada palabra, incluso de la más habituales. Y pensando en este sábado, jornada de 'reflexión', he ido tras ella. La primera de las acepciones dice así: “Pensamiento o consideración de algo con atención y detenimiento para estudiarlo o comprenderlo bien”. Pues bien: aturdido por el exceso de información a la que he sido sometido al largo de esta mala semana tanto por los/las robóticos/as candidatos/as como por las visionarias encuestas, y para evitarme un voto pavloviano, pienso hoy hablar con las personas en las que más confío, las de siempre, para podernos en cuestión las unas a las otras.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

La segunda acepción: “Advertencia o consejo que una persona da a otra para inducirle a actuar de manera razonable”. Esto es, precisamente, lo que no puedo ni debo hacer este sábado, por respeto a la norma; pero sí en privado, siempre que el ruido de la calle nos permita hablar. Déjenme subrayar “actuar de manera razonable”, no emocional ni incendiaria.

La tercera, la científica, que es la que prefiero: “Cambio de dirección o de sentido de la luz, del calor o del sonido cuando se les interpone un obstáculo”. En los últimos años, a todas y a todos se nos han interpuesto enormes obstáculos para mantenernos en concordia al grito de patrias, himnos, banderas… y 'democracia', palabra fetiche adorada por los dos bandos, como 'Lili Marleen' en la Segunda Guerra Mundial. No podemos ser más sabios que la luz, el sonido o el calor, pero sí evitar que el choque con el obstáculo nos deje mudos, congelados y a oscuras. De los laberintos se escapa por arriba.

Y, hablando de luz, recordemos que Salvador Espriu, expoeta nacional tan en desuso como la cultura --¿quién ha hablado de ella al largo de las cuatro últimas convocatorias electorales?- escribió en 1948, en plena posguerra, estas muy repetidas e inútiles palabras: «Penseu que el mirall de la veritat s’esmicolà a l’origen en fragments petitíssims, i cada un dels trossos recull tanmateix una engruna d’autèntica llum». Hoy los espejos son los de la bruja de Blancanieves y los cristales se nos clavan en la piel.

Si Puigdemont -a quien acompaño en el dolor por la muerte de su padre, que eso sí va en serio- hubiera reflexionado más 'racionalmente' antes de proclamar su 'república' y la policía del 1-O no hubiese disuelto los 'obstáculos' a hostia limpia, tal vez no estaríamos aquí. Reflexionemos, por favor.