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Los efectos del populismo

El presidente de EEUU, Donald Trump.

AP / ALEX BRANDON

Oportunismo de Trump

Albert Garrido

El presidente de EEUU trata de sacar tajada de la matanza de México para cohesionar a los suyos y poner una cortina de humo sobre el 'impeachment'

Hay en la reacción de Donald Trump a raíz del asesinato en México de nueve integrantes de una comunidad mormona, entre ellos seis niños, dosis masivas de oportunismo –la matanza demuestra la necesidad de construir el muro, dice– a un año de la elección presidencial y un desprecio inabarcable hacia la soberanía de su vecino del sur al ofrecerle una ayuda militar para combatir los cárteles de la droga que ni el presidente Andrés Manuel López Obrador ni nadie en México ha pedido.

Hay en este comportamiento, ajeno a las más elementales convenciones políticas, una extraña degradación de la función presidencial, cuyo objetivo es cohesionar a sus incondicionales mediante una jerga y unas actitudes populistas en plena escalada, convencido de que la neutralización de los efectos del 'impeachment' y el camino hacia el segundo mandato requieren un permanente tratamiento de choque.

Utilización nauseabunda

"¿Por qué en algunas circunstancias, las pruebas de mendacidad, chabacanería o crueldad no sirven como un inconveniente definitivo, sino que se convierten en un atractivo para encandilar a unos seguidores ardientes?", se pregunta el profesor de Harvard Stephen Greenblatt en su último libro. La respuesta está en los mecanismos emocionales estimulados por Trump para llegar a noviembre del 2020 sin haber dejado demasiados pelos en la gatera. Que eso dañe su relación con un aliado permanente de Estados Unidos como lo es México o que agrave los efectos de la crisis universal asociada a los flujos migratorios importa poco si, como parece, mantiene movilizada a la opinión pública adicta a la causa. Tampoco vale la pena tener en consideración que tales actitudes violentan ideales que forman parte de las certidumbres políticas del ciudadano medio.

El estado de guerra en que el narcotráfico ha sumido a México es lo suficientemente dramático y costoso como para que nadie sienta la tentación de utilizarlo en beneficio propio, incluido el presidente Trump. Hacerlo supone caer en una utilización nauseabunda de las víctimas.