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análisis

 Messi tras un remate durante el partido ante el Slavia. 

JORDI COTRINA

Leer los labios de Messi mientras ruge la grada

Iosu de la Torre

Que el capitán no se tape la boca y pueda entendérsele qué rayos está pasando en el Barça

Cuando Messi decidió que, rodeado por tres defensas del Slavia de Praga, era preferible disparar a puerta que pasársela a Griezmann, que estaba solo y a punto para recibir y romper el 0-0, en el banquillo del Barça debieron lanzarse varios aullidos al ver cómo la cruceta rechazaba el misil del capitán y la doble ocasión se perdía.

No constan registros audivisuales de aquel instante para adivinar qué comentarios desató la evidentísima desconexión entre el argentino y el francés. ¿Favorables al egoísmo del capitán? ¿Contrarios por falta de generosidad? ¿Era un caso de 'bullyng' deportivo? ¿Le hubieran recriminado que a Suárez sí se la hubiera enviado?

Taparse la boca

Ante el riesgo de ser capturados en el exabrupto, los futbolistas tienen el tic adquirido de protegerse la boca con una mano para que nadie pueda saber qué dialogan. La exclamación enmudecida ofrece interpretaciones diversas. No sabremos qué, pero podría aventurarse, con riesgo de equivocación.

Cuando la cámara atrapa a Messi y Piqué en el comentario autocensurado, el hincha espectador desea creer que el empresario multiusos recuerda al capitán que esto del fútbol se juega en equipo y que podía haberle regalado la pelota a Griezmann. O no. A lo mejor estaba avisándole de dónde cenarían después del partido. ¿En tu casa o en la mía? ¿En la discoteca 'vip' de los exorcismos de Umtiti

Ante el hermetismo, por suerte, siempre están las cámaras de 'El día después', aunque cada vez su misión es más complicada. El sábado pasado, durante el Madrid-Betis, tuvieron la oportunidad de capturar el momento en que Joaquín, siempre tan ocurrente, resume en una frase lo que muchos piensan de Vinicius Junior. «Este es muy malo», dijo observando, mientras calentaba infructuosamente en la banda, cómo el delantero brasileño volvía a frustrar una tremenda ocasión de gol.

Todas las portadas madrileñas del año pasado dedicadas a Vinicius como nuevo Neymar o sustituto del irremplazable Cristiano quedaron en papel reciclado con el comentario de calidad de Joaquín. Esta temporada el pobre Vinicius, tan sobrevalorado por los ultratertulianos blancos, ha necesitado rematar 15 veces a portería para marcar un gol. Y fue de rebote al golpear su chut en el osasunista Navas. La temporada pasada necesitó  42 tiros a la portería contraria para  conseguir solo dos tantos. 

La desilusión de Junior Firpo

Los jugadores se enriquecen con el negocio del fútbol televisado y también le tienen pillado el truco a la presencia de las cámaras. Por eso se protegen manualmente de una halitosis dialéctica, o se ponen de costado. Otro ejemplo reciente: el azulgrana  Junior Firpo se quedó sin oxígeno cuando, el sábado en València, Aspiazu le dijo  de parte de Valverde que se iba a la grada aunque Jordi Alba chupaba banquillo. Del disgusto del lateral levantó acta un cámara de Movistar grabándolo, sentado  en el banquillo del Levante. en confesión con Sergio León, antiguo compañero bético.

Imaginemos a Messi verbalizando, en cualquier césped, de quién sí se fía. Que no se tape la boca y pueda leérsele en los labios qué rayos está pasando en el Barça mientras ruge la grada.