17 feb 2020

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Una evolución

Susana Díaz y Pedro Sánchez, en un mitin del PSOE en Cádiz, en octubre.

EFE / ROMÁN RÍOS

"Querido Pedro"

Sílvia Cóppulo

¿Cómo puedes incluso negarte a dialogar, no ya con los soberanistas, sino con los llamados constitucionalistas para que te invistan?

Se cumplen ahora tres años justos. Nos conocimos en Washington, en aquel seminario de comunicación política, que transcurría plácidamente analizando la campaña cuando saltó la sorpresa y Donald Trump se alzó con la victoria. Acababas de llegar de España, expulsado por decisión propia, pero con una dureza salvaje por parte de los que decían ser los tuyos. No es no, mantuviste hasta el final. Y no quisiste dar tu abstención a Mariano Rajoy para que fuera investido presidente del Gobierno español. Sabes bien que te ganaste las simpatías de muchos que nunca te han votado. Por tu convicción, por ser capaz de mantener la palabra, por tu entereza y por tu espíritu de lucha. Lo habías pagado muy caro. Habías perdido todo el poder y te planteabas qué hacer con tu vida. Reflexionabas.

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Te recuerdo a mi lado cenando entre un grupo de amigos. La mayoría de ellos eran cercanos ideológicamente a ti. Y sí, aunque no estabas de acuerdo en el anhelo de independencia que yo te contaba, lo comprendías y afirmabas rotundamente que Catalunya es una nación. Que lo sabías, que lo habías ido viendo hasta que estuviste convencido. Ese día aposté contra los tuyos que tenías una capacidad de resiliencia enorme, que elaborarías bien el duelo y que volverías al poder.

Te miro ahora. Me parece insólito que anuncies que harás lo indecible para que organizar un referéndum vuelva a estar en el código penal de donde lo sacó Zapatero, o que aproveches la televisión pública española para insultar TV3 y que te burles de las llamadas de Quim Torra.

¿Cómo puedes incluso negarte a dialogar, no ya con los soberanistas, sino con los llamados constitucionalistas para que te invistan, y ahí propones que directamente sea presidente el cabeza de la lista más votada? ¿Has perdido las convicciones? O, como decía el actor cómico: ¿tienes unos principios, pero si no gustan, también tienes otros? Entiendo que la vida política es también estrategia y lo asumo. Pero cuando contradice las convicciones personales, desear hasta ese punto el poder no genera admiración alguna. Pena, a lo más.