04 jun 2020

Ir a contenido

Un déficit del debate

La imagen de dos limpiadoras pasando la mopa en el anterior debate en TVE en abril fue muy criticada. Hoy eran un hombre y una mujer.

JUAN CARLOS HIDALGO EFE

Esa gran olvidada: la política internacional

Ruth Ferrero-Turrión

El lamentable debate de esta semana dejó en evidencia lo poco preparados que se encuentran nuestros líderes en política europea

Parece mentira que en un mundo que presume de globalizado, en este país no existe una preocupación genuina por lo que sucede más allá de los Pirineos o el estrecho de Gibraltar. El debate público está estancado en debates y discursos cada vez más localistas y miopes que solo buscan el voto fácil a través de burdos golpes de efecto. Parafraseando a Emma Thompson en la serie 'Years and Years', “I do not give a fuck” (me importa una mierda) fue lo que dijeron los candidatos a la presidencia del Gobierno en el debate del pasado lunes.

De manera reiterada nuestros políticos se empeñan en ignorar la relevancia de la política europea. De cara al público, porque en realidad saben que muchas de sus promesas no se podrán realizar sin un engarce adecuado en el marco de la política comunitaria. De hecho, ha llamado la atención que Casado desconociera que para firmar un tratado comercial con Estados Unidos es necesario realizarlo junto con el resto de socios y no de manera independiente de ellos. Es, sin duda sorprendente, que en el debate entre líderes no se mencionara ni una sola vez a China, el gran elefante, cuando todos ellos saben del impacto que la expansión económica de este mastodonte oriental está teniendo en los modelos económicos occidentales incapaces de hacer frente a una manera de hacer muy alejada de los derechos sociales, económicos, ambientales a los que estamos acostumbrados. Y todo esto por no mencionar las cuestiones vinculadas a la ciberseguridad, la transición ecológica o el papel de Europa en el mundo, por citar solo a las más relevantes.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Ni la clase política, ni la opinión pública en general, parecen ser conscientes de que, en un mundo interconectado, es muy relevante estar alerta de los cambios geopolíticos por los que atravesamos. Europa ha dejado de ser el centro del mundo. En estos años el eje esencial se ha trasladado desde el Atlántico hacia Asia-Pacífico, es ahí donde se juegan los equilibrios de poder. Y la UE se ha quedado relegada en una de sus esquinas.

Sin embargo, aquí la obsesión por la estructura territorial del Estado en su clave más identitaria no hace sino alejar esta realidad de los debates y asuntos que preocupan no solo en Europa. El cortoplacismo y los discursos nativistas se han apoderado del marco discursivo sin que nadie sea capaz o se atreva a romper con ellos y enfrentarlos con solvencia.

El lamentable debate de esta semana dejó en evidencia lo poco preparados que se encuentran nuestros líderes en política europea e internacional. No sería demasiado pedir que, al menos, se considerada la posibilidad de incluir los asuntos europeos en los bloques de política general, pero claro, eso solo sería posible si se tuviera consciencia de que lo que pasa en Bruselas y en los Consejos Europeos es realmente política nacional. Aquel que consiga ser presidente del gobierno será el que acuda a esos Consejos y el que tenga la capacidad para sentar una posición en relación con las políticas económicas, con el diseño de las políticas de inmigración y asilo, con las medidas a tomar en relación con el cambio climático o con la construcción de una política social. Pero hasta que esto no suceda, continuaremos asistiendo a debates y discursos pobres en contenido y miopes en su alcance. La política internacional, la política europea, cuentan, y  mucho, para ayudar a desentrañar, explicar y comprender las dificultades cotidianas a las que se enfrenta la ciudadanía.