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Liderazgo femenino

La necesidad de paridad y feminismo en las instituciones

MONRA

La necesidad de paridad y feminismo en las instituciones

Gemma Altell

Está ampliamente demostrado que los equipos mixtos son los que mejor lideran y funcionan

Hace unos días el Ayuntamiento de Barcelona comunicó haber alcanzado la paridad en sus gerencias: 19 mujeres, 19 hombres. De la mano del nuevo consistorio y liderado por Sara Berbel en la gerencia municipal, este Ayuntamiento ha logrado, por primera vez en su historia, que la estructura gerencial se aproxime mucho más a la realidad social. Es una gran noticia que, sin duda, ha partido de la voluntad expresa de un gobierno que manifestándose feminista sabe que es importante desplegar estrategias proactivas para identificar cuáles son y dónde están las personas que podrán ejercer mejor esta responsabilidad en la institución independientemente de su sexo.

Los espacios de poder son, sin duda, los lugares donde las estructuras patriarcales quedan ejemplificadas de forma más descarnada. La desigualdad estructural entre hombres y mujeres influye en diferentes aspectos que acaban provocando que el porcentaje de mujeres en posiciones de decisión institucional sea infinitamente menor que el de hombres. Y no es cualquier cosa; hablamos de tomar decisiones sobre presupuestos, infraestructuras,  etc., que condicionan la vida de la ciudadanía. La mayor invisibilidad de los currículos femeninos, las estructuras hegemónicas que privilegian a los hombres casi por “tradición” y también la educación que recibimos a menudo las mujeres, que penaliza la ambición y el interés por el poder, son algunas de las razones que influyen en esta situación. Es obligación de los poderes públicos poner en marcha medidas que reviertan este escenario que genera un sesgo que en ningún caso tiene relación con la valía o la capacidad profesional. Por ello esta medida rompe con el llamado 'techo de cristal' legitimando a las mujeres a alcanzar las más cotas de responsabilidad en esta institución; será un buen modelo a emular por parte de otras instituciones u organizaciones sociales.

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Por otra parte debe ser, necesariamente, un buen augurio para las políticas municipales. Está ampliamente demostrado que los equipos mixtos son los que mejor lideran y funcionan. Lógicamente la diversidad en posiciones y puntos de vista enriquece el desarrollo y la toma de decisiones y, de nuevo, en este punto es donde debemos tener clara la apuesta feminista en el liderazgo. La paridad es imprescindible pero no suficiente para garantizar un liderazgo feminista. Será necesario que los liderazgos se orienten hacia nuevos valores y actitudes que dejen atrás la prepotencia, el autoritarismo y, en definitiva el modelo hegemónico sustentado mayoritariamente por hombres –aunque no solo- durante siglos. Es evidente que el ejercicio de los liderazgos tradicionales solo nos ha llevado a la escalada en las muestras de poder, al tacticismo y a la lógica del vencer en lugar de convencer.

Nuevos modelos de liderazgo

Los liderazgos feministas estrechamente relacionados con los que llamamos liderazgos transformacionales pretenden una nueva forma de concebir el mundo que sin duda requiere -mucho antes que de competencias técnicas- de empatía, capacidad negociadora, altruismo, dosis importantes de autocrítica constructiva y huir de la sed de venganza. Es importante comprender que los liderazgos feministas no son encarnados solo por mujeres.

Esta nueva forma de entender el ejercicio del poder está en manos de hombres y mujeres y aquí se encuentra la riqueza de la diversidad. Las mujeres somos tan capaces como los hombres de tomar decisiones difíciles y de priorizar el ámbito profesional cuando lo deseamos o cuando es necesario. Nos educan para construirnos en un determinado modelo de mujer: sensible, empática, cuidadora pero a la vez también insegura, no confrontadora y vulnerable. A los hombres los educan para ser valientes y decididos pero a la vez prepotentes y autoritarios.

En el contexto patriarcal han tenido más voz y prestigio la masculinidad y su forma tradicional de entenderla. Las competencias mayoritariamente asociadas a la educación femenina han sido hasta hace bien poco invisibilizadas y denostadas y ahora, cuando se muestra casi como una trágica evidencia que debemos cambiar el guión debe emerger esta mirada feminista: valiente y decidida pero a la vez empática y autocrítica; todos y todas crecemos encorsetados en esos clichés que nos dificultan llegar a ser quien queremos ser. Sin embargo podemos hacerlo. Desnudarnos progresivamente de esa mirada estereotipada y construir esos nuevos modelos de liderazgo que rompan con construcciones y prejuicios binarios para hombres y mujeres.