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Editorial

Debates sin conciliación

Programar el duelo entre candidatos a las diez de la noche no ayuda a promover la sensatez horaria

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El Periódico

La presidenta de la Academia de la Televisión, María Casado (izquierda) y la copresentadora del debate, Ana Blanco, abandonan la zona central del plató poco antes de que comience el pulso entre los cinco principales candidatos de estas elecciones, de izquierda a derecha Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera.

La presidenta de la Academia de la Televisión, María Casado (izquierda) y la copresentadora del debate, Ana Blanco, abandonan la zona central del plató poco antes de que comience el pulso entre los cinco principales candidatos de estas elecciones, de izquierda a derecha Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera. / JOSÉ LUIS ROCA

El primer incumplimiento electoral ya se produjo en el mismo debate electoral del lunes por la noche. Y además fue perpetrado por los cinco candidatos. Quizá no con alevosía, pero seguro que con premeditación. Todos los partidos representados en el plató dedican alguna línea de su programa político a la racionalización de los horarios para mejorar la conciliación. Iniciar un debate –el único de toda la campaña entre los candidatos a presidir el Gobierno– a las diez de la noche y finalizarlo a la una de la madrugada es, sin duda, el mejor modo de dinamitar toda intención de sensatez horaria. Este martes, en TV-3 se repetía el sinsentido.

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Hay unanimidad en que la televisión tiene buena parte de la culpa de las extensas jornadas españolas. Nuestro 'prime time' es uno de los más tardíos de Europa. En Alemania, las horas de máxima audiencia se ciñen entre las 20.00 y las 23.00 horas de la noche. En Inglaterra, de 18.00 a 22.30 horas. Francia, de 19.00 a 22.00 horas. Italia, de 20.30 a 22.30 horas. Y Portugal, de 20.00 a 23.00 horas. Ni siquiera puede esgrimirse la excusa de ser un país mediterráneo. Las consecuencias de tanto trasnochar: recortar horas de sueño incide negativamente en la salud y merma la productividad. Por no hablar de la desigualdad entre géneros. Al ser ellas las que llevan el mayor peso de la conciliación entre vida laboral y familiar, los niveles de estrés y cansancio se disparan. Mientras los horarios nocturnos se alargan mucho más de lo responsable, las aulas se llenan de estudiantes somnolientos y los trabajadores se enfrentan a una larga jornada laboral. Una de las más extensas de Europa, y también de las menos productivas. Un sinsentido. Pero imponer el sentido común no es fácil. Solo un gran pacto social, con el apoyo definitivo de todas las televisiones y las empresas, puede traer la racionalidad a los horarios. El lunes, los candidatos de todos los partidos mayoritarios perdieron una gran oportunidad para imponer un poco de cordura. Sin duda, renunciar a la máxima audiencia hubiera sido un potente mensaje a favor del bienestar de los ciudadanos y la conciliación.