Análisis

Entre Guatemala y Guatepeor

Me temo que en España ha calado hondo el espíritu del "a por ellos"

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Casado, Sánchez, Abascal, Iglesias y Rivera, momentos antes del inicio del debate.

Casado, Sánchez, Abascal, Iglesias y Rivera, momentos antes del inicio del debate. / JOSE LUIS ROCA

Estamos viviendo una de las campañas más antipáticas y desangeladas que se recuerdan en España, eso sí, con los líderes políticos proyectando bien el sentir de muchos ciudadanos que están hastiados de tanta elección sin resultados prácticos. Algo es algo. En eso como mínimo proyectan un ápice de verdad. Y es que si bien las campañas electorales están tradicionalmente llamadas a movilizar el voto, esta parece una competición a ver quién lo ahuyenta más, por acción u omisión, por apatía o por incapacidad, especialmente en Catalunya.

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Solo Catalunya parece que a los líderes de PSOE, PP, Vox y Ciudadanos les despierta un punto de vibración y de ánimo, en este caso recentralizador y retrógrado. Y de ello no se escapa un Pedro Sánchez que es la triste sombra de aquel que llegó al Gobierno enarbolando las banderas del “somos la izquierda” y de la plurinacionalidad de España. Eso ahora lo defiende en solitario un Pablo Iglesias que de nuevo vuelve a recuperar perfil en campaña, pero sobre todo por lo nefasto de sus adversarios, y diría que básicamente en Catalunya. Me temo que en España ha calado hondo el espíritu del “a por ellos”.

Este martes, en plena campaña, se ponía de nuevo a ello (a petición del Consejo de Ministros socialista) un Tribunal Constitucional que se reunió de urgencia para advertir al presidente Roger Torrent y a la mesa del Parlament que pueden incurrir en un delito de desobediencia si admiten a trámite nuevas resoluciones sobre el ejercicio del derecho a la autodeterminación y la reprobación de la monarquía. Rechazaron abrir la vía penal, pero el marcaje a la actividad y al debate de un parlamento democrático siguen ahí.

Y todo ello con los socialistas en el Gobierno y ante la perspectiva que la cosa pueda ir a peor si en vez de depender de Podemos y de los independentistas, después del 10-N pasan a hacerlo básicamente del PP. Esto, más que el “trato o truco” típico del recientemente celebrado Halloween, es lo del “susto o muerte” de toda la vida. Es un elegir entre Guatemala y Guatepeor. Entre el maltrato descarado o el “me pega pero no mucho”.

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Después aún se extrañarán de que el monarca tenga que entregar en Barcelona (y blindado) un premio que debía conceder en una Girona que lo tiene de persona 'non grata' y que no le cede espacios para celebrar sus actos. Después aun se harán los sorprendidos porque la indignación de mucha gente ahora se manifieste más allá de las multitudinarias y sonrientes performances que llevan años sacando a millones de personas a la calle. Pero la pregunta es clara: ¿qué otra elección se les da, durante las minilegislaturas españolas y durante sus absurdas campañas, tan vacías de propuestas como henchidas de soberbia y de verborrea hidalga?

Luego, si el independentismo político, sin hacer nada extraordinario, se impone en estas elecciones en Catalunya, y si eso va acompañado de un discreto resultado del PSC, de otra triste marca del PP y de un descalabro de Ciudadanos, que nos ahorren los aspavientos y que asuman las consecuencias de sus actos.