Opinión | Dos miradas
Emma Riverola
Leonor y Abascal
El lunes se saldó con dos batallas que traerán cola: la Monarquía ganó sin despeinarse y el líder ultra se llevó el gran premio del debate
El lunes se saldó con dos batallas que traerán cola. La primera se libró en el Palau de Congressos. Más de un republicano (no de los sobrevenidos) se quedó desolado al ver que la Monarquía ganaba sin despeinarse. Una niña de 14 años sonreía hablando en un perfecto catalán y un joven matemático con el lazo amarillo en la solapa se fue con 20.000 euros de premio. Afuera, invitados al acto y periodistas eran empujados, escupidos e insultados por una concentración independentista que tuvo representantes de los tres partidos. Quizá el independentismo consiga que en estas elecciones no haya ni un voto atrás (buena campaña de JxCat) pero, de tanto jugar con la fe, en algunos ha calado el fanatismo. Cuando llegue una propuesta nacionalista laica, el ‘procés’ perderá la hegemonía de la ‘bona gent’. Y la Monarquía seguirá ahí, con su sonrisa.
¿Y qué pasó en el debate de los candidatos? Rivera acabó hundido en el mar de la irrelevancia con sus 'gadgets' ligados al cuello. Y Abascal se llevó el gran premio. La ultraderecha vestida de afabilidad coló sus mensajes sin ningún obstáculo. Ha venido para quedarse.
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