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OPINIÓN

Los jugadores del Barça rodean al árbitro en el partido ante el Levante.

REUTERS / JAVIER BARBANCHO

Cada día lejos de casa es Anfield

Albert Guasch

Ante este Barça, cualquier equipo local se siente el Liverpool

A veces viene tras un rato de fútbol aceptable que insinúa un desenlace satisfactorio. Otras aparece después de un juego lánguido contemplado entre sonoros bostezos. El caso es que en cada desplazamiento el equipo se ve engullido por un socavón negro y pavoroso. Y no hay forma de salir de ahí. Da igual si faltan cinco o más de veinte minutos, como ayer. Al Barça se lo traga la tierra en cada partido fuera y nadie sabe por qué sucede ni cómo sobreponerse.

«La derrota tiene poca explicación», dijo de forma elocuente Busquets al acabar el partido. No se entiende lo que ocurre con este equipo que se gusta en casa y se desmorona a domicilio. Pasó en Bilbao, en Granada, ayer ante el Levante y añadamos a la lista la visita al Slavia de Praga pese a la victoria. Cada día lejos de casa es Anfield, que se evoca como si fuera Vietnam. Caen bombas a la que se cruza el Mekong.

No sabe encontrar explicaciones el experimentado centrocampista, ni tampoco el entrenador, lo cual resulta doblemente inquietante. El equipo se desconecta tan a menudo este año, y los cortocircuitos son tan habituales, que incluso alguien en rueda de prensa se atrevió a mentarle al entrenador el tema de la dimisión, que se escucha todavía como un tremendismo innecesario. Hasta hoy , a la espera de lo que haga el Granada, el equipo es líder.

Flojera general

Aun así, Valverde empieza a dar síntomas de acusar el desgaste del tercer año del que otros entrenadores ya advirtieron en el pasado. La descomposición de los jugadores en tantos campos cabe interpretarse como mensaje que no cala, a discurso gastado, a flojera motivacional. Falta fútbol con demasiada frecuencia. Falta resiliencia mental en innumerables situaciones. Se echa de menos autoridad para gobernar muchos más partidos. Hay motivos para preocuparse. 

Se puede relativizar con que es noviembre y todo el mundo sabe que a lo largo de una temporada se producen suficientes curvas como para cambiar el ánimo casi tantas veces como Piqué de plató. Pero se puede asegurar por lo visto que el equipo no ha encontrado aún el molde en que se siente cómodo. 

Hay plantilla, pero no hay esquema definido ni compenetración. Ya no cabe esperar a que Messi se ponga en forma. O que De Jong se encuentre adaptado. Todo ello ya ha sucedido. Se espera, eso sí, más de Griezmann, el fichaje de los 120 millones + 15, encomiable en su labor de recuperación, bastante menos en la de ataque. Es la labor por la que costó tanto.

Es en suma un equipo al que se le hunde constantemente la tierra en los pies. Y ya no solo en Anfield. Ante este Barça, cualquier equipo local se siente el Liverpool.