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LA CLAVE

Una estudiante de la UPF, salta la valla para ir a clase, esquivando el piquete de huelga.

GEMMA TRAMULLAS

Bula en la universidad

Bernat Gasulla

Los estudiantes movilizados han arrancado de los rectores unas concesiones que encierran una monumental contradicción

Este artículo no va del derecho a la huelga, ni de la legitimidad de la ocupación de los espacios públicos, ni de los conflictos entre derechos (cuyo equilibrio conforma una de las claves de cualquier sistema democrático). Tampoco va de la autonomía de las universidades ni de en qué hemos dejado que se convierta la enseñanza superior: encarecimiento de las tasas, recortes para la investigación, rebaja de los sueldos de los profesores…  Si me apuran, ni siquiera va de la violencia, esa palabra sobada de manera exasperante hasta convertirla en un frívolo objeto arrojadizo.

Va de responsabilidad y congruencia.

Numerosos rectores catalanes, demasiadas veces sin contar con el apoyo de todo su claustro, han decidido implantar un sistema de evaluación “flexible” que, con el noble fin de evitar enfrentamientos de estudiantes en los campus, no hace otra cosa que claudicar ante una monumental contradicción.

Los estudiantes movilizados contra la sentencia del ‘procés’ han conseguido arrancar de la autoridad académica un sistema que, saltándose la evaluación continua que implanta el ‘plan Bolonia’, les permitirá sacar adelante el curso sin ir a clase. Todo mediante una especie de bula, una indulgente prueba final.

¿Se imaginan a un trabajador de Seat pactando con la dirección de la empresa que no le descuente el sueldo por las jornadas durante las cuales ha ejercido su derecho a la huelga? Algo parecido está pasando  en las universidades catalanas, donde va a ocurrir como en Bon Preu durante la última huelga independentista: cierre patronal y día de fiesta pagado.

Es fantástico querer cambiarlo todo pero gozando de las ventajas del sistema. Es fantástico querer hacer tortillas sin romper ningún huevo. Es fantástico emprender acciones (legítimas y, no lo niego, a veces saludables) sin querer asumir las consecuencias, sobre todo si un rector te compra la moto. Es fantástico, pero no congruente.