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El laberinto catalán

La 'internacionalización del conflicto'

LEONARD BEARD

La 'internacionalización del conflicto'

Rafael Jorba

Puigdemont trata de desencadenar un efecto dominó: romper la sociedad catalana, dañar su economía, contagiar la economía española y obligar a la UE a mediar

Hay un sector del independentismo, pilotado por Carles Puigdemont desde Waterloo, que quiere hacer daño. Con violencia explícita o sin ella. Ya lo verbalizó Toni Comín en una entrevista en este diario, el pasado 9 de octubre: “Catalunya sigue siendo una de las locomotoras económicas de España. Si la locomotora se para, la economía española tiene problemas. Se ha de usar esta arma”. Los daños colaterales de esta estrategia se asumen sin pestañear. “¿Perder el empleo?”, preguntaba el periodista. “Por ejemplo”, respondía el 'exconseller'.

El objetivo es la internacionalización del conflicto, una expresión utilizada en su día por la izquierda aberzale e incorporada al lenguaje 'procesista' mucho antes que la 'kale borroka' que ha aflorado en las calles de Barcelona. Se trata de desencadenar un efecto dominó: romper la sociedad catalana, dañar su economía, contagiar la economía española y obligar a la Unión Europea a mediar en el conflicto. Una reacción en cadena que ya figuraba en la hoja de ruta del 1-O y que sus promotores no se atrevieron entonces a ejecutar.

Un paso aún más temerario

En esta lógica se inscriben las declaraciones de Elisenda Paluzie, la presidenta de la ANC, sobre la violencia callejera en Barcelona: “Al final el mundo es como es” y “son estos incidentes los que hacen que estemos en la prensa internacional de manera continuada estos días, es decir, que hacen visible el conflicto”. En la misma línea se enmarca una reflexión de Laura Borràs, cabeza de lista de JxCat y una de las piezas de Puigdemont en el espacio posconvergente: “Mientras se dimita de la política se producen reacciones de diversa índole" (sic).

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Sí, se trata de internacionalizar el conflicto a toda costa, al precio incluso de aceptar que la “violencia da visibilidad negativa”, como ha alertado Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso: "Aquí -en Euskadi- sabemos algo de la violencia. Con la violencia se va a peor y perjudica a los que defienden la causa independentista. Lo mejor es dejar las cosas claras. Me parecieron sorprendentes las declaraciones de Paluzie". La sorpresa de Aitor Estaban es más retórica que real: el PNV se ha desmarcado de la lógica del 'cuanto peor, mejor' y no ha secundado el manifiesto de 12 partidos soberanistas en defensa del derecho de autodeterminación.

La estrategia de Puigdemont es muy arriesgada. Si hasta ahora el independentismo había soslayado una doble realidad -la secesión de Catalunya no será posible contra España y sin Europa-, el ‘expresident’ acaba de dar un paso aún más temerario: ha cuestionado que la Unión Europea sea un referente democrático. Lo ha hecho en una columna de opinión en 'Komsomólskaya Pravda', en la que arremete contra la UE con una dureza inusitada hasta ahora y acusa a Bruselas de permitir a uno de sus estados miembros “emplear la violencia contra sus ciudadanos”.

La estrategia de Putin

Marc Marginedas, en una crónica desde Moscú, explicaba que Puigdemont volvía a intervenir en los medios oficiales rusos en sintonía con sus entrevistas de los últimos meses en los que expresaba posiciones que agradaban al Kremlin y le alejaban de los consensos de la UE sobre cuestiones como la anexión de Crimea o la guerra en el este de Ucrania. Las críticas contra Bruselas -añadía- serán bien recibidas en el Kremlin, enfrentado desde el 2014 con la UE a raíz de la guerra de Ucrania y del apoyo de Rusia a fuerzas políticas ultranacionalistas y ultraderechistas europeas.

Nada nuevo bajo el sol. La estrategia de Putin pasa por desestabilizar la política europea y los frágiles equilibrios de Occidente, así en la campaña de Donald Trump como en el referéndum del 'brexit'. No es que Putin -antiguo agente del KGB- se haya hecho independentista, sino que el proceso catalán se inscribe en la órbita de los nacionalpopulismos que desestabilizan el proyecto común europeo. Una conducta que se recogía en un informe del CNI sobre las ciberamenazas detectadas en el 2017: “Parece demostrada la presencia de activistas patrocinados por instituciones rusas en la expresión mediática del conflicto derivado de la situación creada en Catalunya durante 2017”.

Un sector del soberanismo, en resumen, no solo ha abandonado la trayectoria del catalanismo mayoritario -la defensa del autogobierno y de la pluralidad española-, sino que ha abdicado del origen carolingio de la Marca Hispánica, el 'leitmotiv' del discurso europeísta de Jordi Pujol. La respuesta a esta estrategia no puede ser otra que la firmeza democrática: la defensa del principio de legalidad y de las reglas de juego. La facción del independentismo que lidera Puigdemont juega con fuego. No habrá diálogo hasta que pierda.