24 oct 2020

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Ahora, hablar

Inicio de la manifestación independentista en la calle Marina de Barcelona.

REUTERS / ALBERT GEA

Un fin de semana en las calles

Núria Iceta

Ahora que ya nos hemos manifestado todos, por favor, ¿podemos volver a los despachos, a sentarse y hablar los que les toque?

Quince días después de la sentencia del juicio del 'procés', han coincidido este fin de semana en Barcelona al menos tres convocatorias de signo diverso para manifestarse en las calles. No sé si había pasado nunca.

No quiero entrar en el debate de las cifras, más allá de la evidencia de cuál ha sido la más numerosa, y del tiempo que hace que lo es. El caso es que quien ha querido y ha podido ha salido a la calle a decir lo que ha querido. No siempre se habrá sentido cómodo, no siempre habrá compartido algunos de los cánticos que ha oído, quizá se habrá perdido en algunas liturgias. También habrá habido mucha gente que no ha salido, y tampoco pasa nada. Las manifestaciones son una expresión pública de una opinión, y deberían ser consideradas como tales, con los límites de representatividad que les son inherentes. Ya hemos gritado. ¿Ahora hablamos?

No sé hablar de los disturbios, de los destrozos y de los ataques, porque me da la impresión que responden a causas muy diversas y a comportamientos que no entiendo.

No quiero hablar de las actuaciones policiales, porque he visto imágenes terribles que no tienen que ver con la garantía del orden público, ni con la salvaguarda de los bienes, ni con el sentido común deseable para todos pero exigible más aún a una persona uniformada y armada.

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No quiero hablar de declaraciones incendiarias, de comparaciones que carga el diablo, de la vergüenza que nos hacen pasar algunas personas.

No quiero hablar del 'riot porn' de las televisiones, de la confusión interesada entre información y espectáculo, porque creo que ya sabemos todos de qué hablamos.

No quisiera hablar de la incomodidad que me generan las selfies, las risas, el llamado 'ambiente festivo' o algunos espectáculos personales lamentables. Dignidad y discreción no sé si tienen la misma raíz semántica, pero podría ser.

¿Qué me queda, pues? Pensar que cada uno ha elegido legítimamente, decir que no me gusta que unos hagan burla de los otros, y que ahora que ya nos hemos manifestado todos, por favor, ¿podemos volver a los despachos, a sentarse y hablar los que les toque? Tenemos un sistema de representación parlamentaria, no asamblearia. 'Sit down and talk'. Todos. Ahora.