09 jul 2020

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ANÁLISIS

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez.

JOSE LUIS ROCA

¿Quién se acuerda de los desengañados?

Rosa Paz

La semana de campaña será vital, dicen los expertos, para convencer a los desengañados y para ver hacia donde se decanta la balanza

Como la actualidad prima, la crisis catalana y la exhumación de Franco se están quedando con la casi totalidad del espacio en los medios de comunicación y de él han desaparecido los desengañados de la política. Aquellos que se enfadaron por la incapacidad de los líderes para pactar la investidura del presidente del Gobierno y que se empeñan en decir, contra viento y marea, que ellos ya habían votado el 28 de abril y que no tienen intención de volver a hacerlo. Hace menos de un mes ese colectivo era objeto de crónicas y análisis y protagonista de los discursos de los políticos, que querían dejarles claro que la culpa del fracaso de la reciente nanolegislatura no era suya sino de los demás partidos.

La mayoría de esos decepcionados eran de izquierdas. Porque los de izquierdas se defraudan con facilidad, especialmente si el 28-A se ilusionaron pensando en un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos que no se concretó. Los de derechas no tienen tendencia a la abstención, ellos votan. Los medios no se ocupan ya de esos desilusionados, pero los partidos, sin embargo, les dirigen buena parte de sus mensajes. De ahí que el candidato socialista, Pedro Sánchez, apele continuamente "a los indecisos" para que vayan a votar, voten al PSOE y acaben con el bloqueo que impide formar ese gobierno fuerte, estable y progresista que el presidente en funciones dice desear.

Cuando se planteó la repetición electoral, no obstante, los estrategas de Moncloa pensaron que el viento les era favorable, que reforzar la imagen presidencial de Sánchez como el único capaz de garantizar la estabilidad gubernamental, la concordia en Catalunya, aunque fuera en plena crisis postsentencia, y las políticas sociales progresistas, permitiría que muchos votantes socialistas o de Podemos se pensaran eso de no acudir a las urnas y optaran por la papeleta del PSOE antes que por la del partido de Pablo Iglesias. Ahora, ante la crisis catalana, se dan cuenta de que ese discurso de firmeza y flexibilidad puede ser útil para las expectativas del PSC, pero difícil de entender por algunos de sus votantes del resto de España.

Cuando en Moncloa prefirieron elecciones a un gobierno con Unidas Podemos tampoco tuvieron en cuenta, o no lo suficiente, la irrupción de Íñigo Errejón y cuando anunció que se presentaba no les pareció mal porque le iba a quitar votos a Iglesias. Ahora ya no está tan claro a quien se los quita y, sobre todo, está en cuestión si esos votos servirán para reforzar el bloque de izquierdas o acabarán por beneficiar a las derechas en el reparto de escaños.

A la espera de conocer este martes el sondeo de CIS de Tezanos, acusado de favorecer siempre a los socialistas —aunque acertó el resultado del 28-A—, lo que se ve en las encuestas es que, hasta el momento, la crisis catalana y la exhumación de Franco a quien parecen estar dando votos es a la derecha, al PP y muchos a Vox. No está claro cuántos le pueden dar al PSOE. La semana de campaña será vital, dicen los expertos, para convencer a los desengañados y para ver hacia donde se decanta la balanza.