EL ANÁLISIS

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El presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, durante la celebración del triunfo en Buenos Aires, este domingo.

El presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, durante la celebración del triunfo en Buenos Aires, este domingo. / RONALDO SCHEMIDT (AFP)

Tal como se preveía, ganó el tándem de Alberto Fernández y Cristina Kirchner Alberto Fernándezsi bien los resultados fueron más ajustados de los obtenidos en las PASO de agosto pasado. Macri recortó parte de la distancia, pero lo hizo a costa del resto de candidatos de la derecha y no del peronismo. En este sentido Macri pierde, pero se queda como líder de la oposición y consigue la hazaña de ser el primer presidente no peronista de la República Argentina que termina su mandato en casi un siglo, pues el resto tuvieron que irse sin agotar su período en la Casa Rosada.

Del resto de los resultados destaca que la provincia más importante del país, la de Buenos Aires, tendrá como gobernador el exministro de economía de Cristina Kirchner, y que en la capital del país, de Buenos Aires, ganaron como siempre los no peronistas. A nivel territorial el norte y el sur se alinearon con el justicialismo, mientras que las provincias de Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y San Luís votaron a favor de Macri. Por otro lado, la composición del Congreso será plural aunque el presidente Fernández podrá contar con un notable apoyo, a la vez que en el Senado -como es habitual- el peronismo tendrá mayorías confortables.

Menos dólares

La noticia más llamativa del día, una vez conocidos los resultados, ha sido la medida del Banco Central respecto a la compra de dólares. Dicha medida supone una reducción de la capacidad de compra de dólares en pesos (límite popularmente llamado como "el cepo") de 10.000 a 200 dólares por mes, con el fin de evitar una compra masiva de dólares en una economía parcialmente dolarizada.

Esta decisión del Banco Central es un mensaje claro de los temores que despierta la llegada de un presidente peronista entre un sector de las élites económicas. Con todo, de las primeras reacciones del presidente entrante y saliente se observa un tono de cordialidad y cooperación, generando una atmósfera diferente a la de hace cuatro años, cuando Macri y Fernández de Kirchner ni se hablaron.

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De todas formas lo más difícil para el nuevo Gobierno será la gestión de una economía en recesión, con una inflación desbocada, unos agentes sociales movilizados, y con grandes sectores de la sociedad sumidos en la pobreza. La capacidad de articular un nuevo pacto social que cambie la dinámica regresiva y polarizadora de las políticas económicas del mandato anterior será crucial. Aunque se trata de una tarea muy difícil en un contexto desaceleración del comercio a nivel global.

A todo ello, finalmente, debe sumársele la incógnita de cuál será el rol de Cristina Kirchner como vicepresidenta. Nadie sabe aún si asumirá un discreto segundo plano o si, por el contrario, marcará la agenda y el tono discursivo del nuevo Gobierno. En base a ello podremos saber hasta que punto esta nueva etapa va a generar una mayor o menor polarización entre kichneristas y anti-kichneristas  y, por lo tanto, si se va a incrementar o no la brecha social -popularmente conocida como “la grieta”- que ha dividido la nación argentina durante la última década.