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LA CLAVE

Centenares de alcaldes independentistas reunidos contra la sentencia del 1-O en el Palau de la Generalitat, el 26 de octubre del 2019. 

REUTERS / JOAN NAZCA

Un empacho de Historia

Luis Mauri

El impacto de las condenas y la negativa del independentismo a la autocrítica tras el fracaso de la intentona unilateral ejercen un doble efecto en las calles: menos movilización y más radicalización

La España actual sufre una indigestión de Historia. Una cantidad ingente de escenas llamadas a la posteridad se suceden como meteoros en la pantalla política. La precipitación impide la asimilación. Hoy son condenados a altas penas de prisión los dirigentes del independentismo unilateral. Mañana arde Barcelona. El día siguiente, la momia del dictador es desahuciada de un santuario que debería llevar décadas desmantelado. Anteayer caía fulminado el primer presidente de la democracia por una moción de censura. Y ayer se constituía el primer Gobierno con más mujeres que hombres. Vaya atracón.

En este vértigo centrípeto, el independentismo catalán, enfrascado en su batalla intestina por la hegemonía, deniega toda autocrítica tras el fracaso de la intentona unilateral. Este enroque y el impacto de las condenas tienen un doble efecto en las calles: menos movilización y más radicalización. La manifestación secesionista de este sábado en Barcelona ha sido una de las menos concurridas de los últimos años. Y la violencia callejera de los últimos días (exaltada al grito inquietante de "no son violentos, son valientes") sepulta la marca de la revolución de las sonrisas.  

El imperio de la emoción

Torra, amortizado y solo en el Govern, ya solo atiende a Waterloo y a sus propios antojos. Todos sus movimientos beben del cuanto-peor-mejor que mana del refugio belga. Desde la desacreditación de su policía (la misma a la que ayer encaramaba a un altar desmesurado) hasta el empecinamiento en un derecho de autodeterminación que, según la doctrina de Naciones Unidas, no rige para Catalunya. Hace mucho tiempo ya que la información dejó de ser relevante en este conflicto. Ha sido aniquilada y reemplazada por la emoción, ese sentimiento tan poderoso y apreciado por los hechiceros de la agit-prop.

"La gente no quiere estar informada, quiere sentirse informada. Si les dices qué tienen que pensar, los pierdes. Pero si les dices lo que tienen que sentir, son tuyos". Es el legado abyecto de Roger Ailes, colaborador de Nixon, Reagan, Bush padre y Trump, fundador de Fox News y, esencialmente, un tipo sin escrúpulos. Ailes, tan lejos y tan cerca.