31 may 2020

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Editorial

Los derechos de las futbolistas

En términos de igualdad entre hombres y mujeres, el conflicto de las jugadoras con los clubs es hiriente

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El Periódico

Un grupo de futbolistas posa con David Aganzo, el presidente de la AFE, en octubre del 2019.

Un grupo de futbolistas posa con David Aganzo, el presidente de la AFE, en octubre del 2019.

Las futbolistas de Primera División han acordado ir al paro ante la falta de acuerdo en la negociación del primer convenio colectivo. El próximo lunes, hay una última oportunidad de desencallar el conflicto. El Servicio Interconfederal de la Mediación y Arbitraje (SIMA) ha citado a la patronal y los sindicatos para intentar evitar la huelga después de más de un año de negociaciones infructuosas. El salario mínimo anual y otras condiciones básicas contractuales son los principales escollos.

Los clubs proponen situar el salario mínimo de las jugadoras en 16.000 euros brutos y los contratos de media jornada, en el equivalente al 50%. Es decir, 8.000 euros. Por su parte, la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) reclama 20.000 euros en el contrato completo y 12.000 para el parcial. ¿Y sus colegas hombres? La desigualdad es lacerante. El salario mínimo de Primera División masculina está fijado en un mínimo de 155.000 euros anuales. Además, no está contemplada la media jornada. Es fácil intuir que, en el caso femenino, la existencia de ese contrato puede ser un coladero para establecer sueldos más bajos. ¿Cómo se determina la media jornada de una futbolista profesional? ¿Cómo se encajan los entrenamientos, los viajes, los eventos del club? ¿Se puede vivir dignamente con 8.000 euros brutos anuales? Es evidente que no.

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Maternidad, lactancia o vacaciones son otros términos en los que no hay acuerdo. Conceptos indiscutibles en cualquier otro sector laboral. En términos de igualdad, el conflicto es hiriente. ¿Y económicamente? Los volúmenes de negocio del futbol masculino y el femenino hoy mismo son incomparables, pero a nadie se le escapa que el futbol jugado por mujeres es una oportunidad de negocio inminente. Aún estamos en los prolegómenos, pero las cifras ya desmienten el argumento del escaso reconocimiento social. Conseguir condiciones más dignas para las futbolistas es un modo de hacer una sociedad más igualitaria, también de aumentar la calidad de su juego al permitirles dedicarse plenamente a su profesión.