09 ago 2020

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La clave

Preparativos para trasladar el faro Rubjerg Knude, en Jutlandia, por la erosión de la costa litoral

EFE EPA HENNING BAGGER

Otra DANA ¿y ahora qué?

Carol Álvarez

El Govern ya ha anunciado medidas para prevenir nuevos desastres en las márgenes de los ríos, descuidados pese a su importancia estratégica para frenar inundaciones

El asombroso traslado de un faro tierra adentro en la costa danesa podría formar parte de una campaña contra los efectos del cambio climático y aún más, su necesaria respuesta. El faro se construyó hace más de 100 años a una distancia adecuada de la línea de la costa, pero el crecimiento del nivel del mar por el deshielo ha engullido la tierra y amenaza con anegarlo. Nadie podía preverlo cuando se erigió, y en este estado de emergencia sobrevenida viven millones de personas, en tierras condenadas a desaparecer. 

Hace décadas que la frecuencia de las alarmas ambientales se intensifica. Ahora llamamos DANA a la gota fría de toda la vida, aquella que llegaba para cerrar el verano con lluvias que desbordaban  ríos y rieras. El Maresme se convertía en un lodazal de coches y desgracias personales, y los políticos de turno prometían soterramiento de rieras y anunciaban cambios de planeamiento urbanístico que se dilataban en el tiempo. Se tomaron decisiones, pero no suficientes: gobernar a golpe de tragedia pone parches a los problemas, no los resuelve. El conseller Damià Calvet ya ha anunciado medidas económicas y la mejor conservación  del entorno de los ríos tras la catástrofe originada por el desbordamiento del Francolí, pero los afectados no pueden ocultar su disgusto ante lo que sienten como una tragedia anunciada ante la inacción política. En Barcelona, el plan para un nuevo colector en el Paral.lel va con retraso y el barrio se desespera de temporal en temporal.

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Corría el año 1800 cuando Alexander Von Humboldt documentó que el descuido de las márgenes de los ríos afectaba gravemente al nivel de agua de los lagos, vasos comunicantes en un ecosistema que busca el equilibrio. Sequía e inundaciones son dos caras del mismo drama, y las cantidades históricas de agua caídas en Catalunya apenas han dejado en los embalses un impacto reseñable. La excepcionalidad climática será cada vez más frecuente, y los políticos deben liderar una nueva trinchera con cambios drásticos y estructurales en el planeamiento de nuestras ciudades.