29 feb 2020

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IDEAS

El ganador del Planeta 2019, Javier Cercas. 

JOSE LUIS ROCA

Cercas y Vilas, un banquete

Josep Maria Pou

Tengo la suerte inmensa de poder ir de biblioteca en biblioteca. Salgo de mi casa a media tarde –las paredes forradas de libros- para llegar al escenario del teatro donde habito estos días y perderme en una monumental escenografía libresca. Los libros de mi casa van desde el olor rancio de los libros heredados (durante años, mi único patrimonio) al más nuevo de las portadas plastificadas. Los del teatro huelen a cola y cartón, a barniz y acuarela, los materiales que dan apariencia de verdad a la teatral mentira del 'atrezzo'.

¿Me permiten decir que babeo antes los libros del ganador y el finalista del Premio Planeta?

En el trayecto de mi casa al teatro paso por delante de dos o tres librerías. Me detengo, invariablemente, ante los escaparates. A veces no puedo resistir la tentación de entrar y recorrer mesas y anaqueles aún a riesgo de perderme en el tiempo y llegar tarde a mi cita con los espectadores (nunca ha ocurrido, hasta el momento). Los libros expuestos animan mis pupilas gustativas (babear se le llama a eso, pero lo dejo en salivar, en aras de la corrección y el buen gusto) tanto o más que cualquier capricho de Magnolia Bakery. Los miro, los olfateo, recorro sus lomos con las yemas de mis dedos y alguno meto en la cesta para poder hincarle el diente más tarde, en soledad, fuera de miradas indiscretas. Esta manera de leer, de comerse el libro, de devorarlo página a página, mordisco a mordisco, es pura glotonería. Y, a menudo, cuando sucede que te reconoces, que te descubres a ti mismo en el libro, puro canibalismo.

Quienes me quieren mucho y me lo demuestran a diario acertaron, hace unos días, regalándome un libraco monumental, una joya talla XXL, 'The world’s most beautiful libraries', siete kilos de páginas impresas que recorren las mejores bibliotecas del mundo. Un magma en el que me gustaría incrustarme de por vida. Y, a la vez, un banquete pantagruélico al que estoy deseando añadir otras dos joyas recién nacidas: los libros de Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y finalista del más reciente Premio Planeta. ¿Me permiten decir, ahora sí, que babeo ante ellos?