08 ago 2020

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ANÁLISIS

Leo Messi, mano a mano con el portero checo Ondrej Kolar.

JOE KLAMAR (AFP)

El tsunami checo y la barricada de Ter Stegen

Albert Guasch

Cuando el Barça se desplaza por Europa, cierta aprensión se instala en la culerada, chamuscada en tantos viajes. No suele comportarse precisamente como un tsunami. Lo pareció al principio, presión alta, y muy fiera, que brindó el gol de Messi. Pero luego perdió hasta la espuma y tuvo suerte de contar con una resistente barricada levantada por Ter Stegen, quien parece ahora mismo el portero más completo y en forma de Europa, y cualquier otra candidatura requiere de argumentos tirando a rebuscados. 

Ter Stegen se aplicó como acostumbra y Luis Suárez también. Lo que ocurre es que el uruguayo a menudo se enreda en los pliegues de su mundo particular, que es muy oscuro en la salida hacia el gol. Su prolongada racha sin marcar en sus visitas europeas empieza a merecer una serie que no se sabe si debe ser dramática o humorística. Una especie de gafe se le ha adherido a la espalda. Ya dispara, ya, pero solo le entran de rebote. De risa. Como ayer en Praga o como en Old Trafford en la temporada pasada.

Le pegó una patada de rabia a una valla publicitaria después de errar una ocasión más. Así de temperamental es, y así de frustrado debe sentirse. Vendrá otro partido en Europa y se le recordará de nuevo su ceguera ante la portería en cuanto se aleja del calor del Camp Nou. Insufrible para un delantero de su orgullo. Más del que mostró Griezmann, que aunque vale 15 millones suplementarios, la productividad no aumenta. Pero para ver a un hombre desgañitándose, había que mirar a la banda, a Ernesto Valverde, al contemplar el descontrolado desenlace del partido de sus jugadores. Para quedarse descamisado.

Sin oficio

El Barça ganó, pero se marchó con cara de ahogado. Se aguantó a flote pero parecía que en cualquier momento se iba a hundir. El Slavia le disparó desde todos los frentes, en particular en el último tramo, momentos en que un equipo bien formado echa mano de oficio. No fue el caso. Contó con Ter Stegen, pero también con la fortuna, y con la torpeza de la delantera checa,  un tsunami  bueno.   

La buena parte de todo es que al Barça le quedan en la Champions dos partidos en casa y uno solo fuera. El caos suele tornarse orden en el Camp Nou. Pero el desgobierno visto ayer no augura nada bueno. Ya se ha pasado por aquí. De ahí las caras largas aun con la victoria.