LA CLAVE

El segundo entierro de Franco

¿Cómo explicarles a mis hijos cuatro décadas de vergüenza y honores al dictador? ¿Cómo contarles lo de las cunetas y las fosas comunes?

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El helicóptero con los restos de Franco aterriza en el mausoleo del Valle de los Caidos en San Lorenzo del eEscorial.

El helicóptero con los restos de Franco aterriza en el mausoleo del Valle de los Caidos en San Lorenzo del eEscorial.

Veo las imágenes de la exhumación de Franco en el Valle de los Caídos y pienso en mi abuelo paterno, campesino andaluz a orillas del Guadalquivir, manos rugosas, rostro ajado, que llamaba “El Parte” al boletín de noticias de mediodía de RNE, qué diría al ver el ataúd del dictador dentro del helicóptero. Mi abuelo, cuya lectura de cabecera era ‘Mundo Obrero’, dividía grosso modo el mundo entre los comunistas como él y quienes no lo eran, una amplia amalgama que iba de los socialistas a los mismos franquistas. Mi abuelo perdió la guerra, perdió la posguerra, y perdió la Transición, pues nunca se fio del pacto de silencio y del olvido voluntario. Él no olvidó, ni calló. A la sombra de la parra del huerto, bajo el inclemente sol cordobés, aprendí de él lo de las dos Españas.

El valor del voto

Veo las imágenes de la exhumación de Franco y pienso en mi padre, hijo de la posguerra, niño empobrecido en la Andalucía castigada por un régimen que nacionalizó su cultura y su folclore, mimó a sus terratenientes y castigó a la pobreza y al hambre a sus campesinos. Qué diría mi padre al ver llegar a Tejero al cementerio de Mingorrubio entre abrazos y golpecitos en el hombro , él, que no se perdía una elección porque sostenía que si Franco les quitó el voto durante tantos años es porque es valioso. Niño apenas escolarizado en los años del florido pensil, ya emigrado a Barcelona se sacó el graduado escolar y aprendió catalán mientras trabajaba por las noches de panadero. Qué diría, cuando hoy en Catalunya hay quien lo llama colono y peón de Franco.

Veo las imágenes de la exhumación de Franco y pienso en mi abuela materna, catalanista y republicana, que preservó durante años el catalán en la intimidad del hogar y que sostenía que la restauración borbónica no trajo la democracia, cómo iba a traerla, si el Rey vino de la mano de Franco. Qué diría al ver en teles y portadas a los descendientes del dictador, sus banderas preconstitucionales, sus ¡viva Franco! y su falta de respeto por tantos españoles que habitan la España que tanto dicen amar, ella que tenía pavor a los grises y que, muy a su pesar, aprendió de Franco que lo mejor era hacer como él, no meterse en política.

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Veo las imágenes de la exhumación de Franco y pienso en mis hijos, hoy en Primaria, que siguen oyendo hablar de Franco en el patio, el parque, la tele y las conversaciones de adultos. ¿Cómo explicarles más de cuatro décadas de vergüenza y honores al dictador? ¿Cómo contarles lo de las cunetas y las fosas comunes? ¿Cómo decirles que el bien común se construyó sobre el silencio y el olvido? ¿Cómo hacerles entender que Franco está muerto y enterrado, pero que este segundo entierro no sepulta décadas de ignominia ni ahuyenta los fantasmas, algunos muy corpóreos, que persisten?