Cuando acabe el episodio: actuaciones policiales a debate

Esperar al fin del episodio para analizar los actos de los Mossos puede enquistar el contencioso

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Cargas de los Mossos en la AP-7 en Girona oeste.

Cargas de los Mossos en la AP-7 en Girona oeste. / Glòria Sánchez/iconna

El debate en torno a los disturbios y las actuaciones policiales que se han llevado a cabo a raíz de la publicación de la sentencia ha sido el punto central en la sesión de control al 'president' que se ha desarrollado este miércoles en el Parlament. La CUP ha pedido la dimisión o cese de Buch por "prácticas irregulares de los Mossos" (en palabras de Vidal Aragonés), mientras Torra se liaba en un discurso lleno de indignación ante ciertas imágenes y actuaciones pero sin cuestionar el consejero de Interior que él mismo nombró.

Estos días representantes políticos y creadores de opinión pública han ido repitiendo una idea que este miércoles reiteró Buch en TV3: la policía debe actuar para restablecer el orden público, y cuando termine el episodio será el momento de evaluar las actuaciones . Una concepción que entiende la acción policial como algo neutro y mecánico. Existe una amplia literatura que apunta que la desproporción policial es una de las variables más importantes en la escalada de los conflictos. La indignación que provocan determinadas imágenes (más aún en una sociedad mediatizada), la solidaridad entre iguales hacia personas heridas o detenidas, o la rabia ante una violencias policiales vividas en propia piel sólo hacen que alimentar espirales de violencia. Mientras esperamos el mañana se puede enquistar el contencioso.

Deberíamos ser capaces de diferenciar lo que son responsabilidades de ejecución, es decir, las actuaciones de los y las policías que se encuentran en primera línea del conflicto; de aquellas responsabilidades (técnicas y políticas) de dirección de los cuerpos policiales y de diseño de las intervenciones de orden público. Cuando estos días escuchamos la necesidad de depurar "malas praxis" (palabras del 'conseller') sólo se está pensando las primeras: sacar las manzanas podridas del cesto. Garantizar un cumplimiento de la legalidad, que es necesario, pero es esto: en el caso que nos ocupa castigar el uso antirreglamentario de los bastones policiales; penalizar los disparos directos y a poca distancia de proyectiles de 'foam' y pelotas de goma; o investigar la actividad "intensiva" contra la prensa.

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Ahora bien, donde radica el quid de la cuestión  es en las segundas, en las responsabilidades de mando de la situación. Debería ser función del dirigente político dibujar el marco general: cómo se define el problema, cuáles son los objetivos, las líneas rojas, etc. (Y ejercer liderazgo en todo el proceso). Las direcciones de los Mossos d'Esquadra o la policía nacional sobre estas directivas, deben de diseñar los operativos. La utilización de la técnica del carrusel para dispersar manifestantes; las cargas policiales que se llevan a cabo ante manifestantes en actitud pacífica (el miércoles cerca de la concentración de los CDR, el viernes en la Via Laietana) que luego derivan en disturbios; o la falta de esfuerzos para encapsular una concentración de la extrema derecha convocados por "ir de cacería" no son manzanas podridas. Estas actuaciones muestran prioridades y elección en la gestión del orden público.

¿Buch está de acuerdo, son sus directivas, o ha renunciado a ejercer dirección política (en beneficio de los mandos policiales o Marlaska)? Los mandos policiales de los Mossos que han diseñado los dispositivos, ¿mantienen la confianza del 'conseller'?