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La novelista londinense Lisa Jewell.

La mutación de Lisa

Ramón de España

Si en Gran Bretaña la señora Jewell ha superado su estigma, no sé por qué no podría pasar lo mismo en España

La escritora británica Lisa Jewell (Londres, 1968) se inició en la literatura con una serie de novelas románticas que no había por donde cogerlas, pero al cabo de unos años, mutó -sin que uno alcance a comprender cómo- en autora de novelas negras de ese subgénero conocido como 'Domestic Noir', en el que el hábitat familiar acoge los peores horrores de este mundo. Curiosamente, en español solo pueden encontrarse sus primeros esfuerzos literarios: puede que sea a causa de ellos que ningún editor local haya reparado en la existencia de la nueva Lisa Jewell, creadora de unas ficciones absorbentes que se devoran como galletas a medianoche y que no tienen nada que envidiar a los clásicos del género. En estos momentos, esta buena señora y su compatriota Liz Nugent -de la que aquí solo se tradujo su primera novela, 'Unravelling Oliver'- me parecen de lo más grande que ha dado de sí ese club de Damas del Crimen que funciona tan bien en la pérfida Albión.

 Desconocedor de sus novelas romanticonas, descubrí a Lisa Jewell en la librería Come In, donde había entrado en busca de mi ración habitual de thrillers en versión original. Me tragué 'Watching you' en tres o cuatro noches, experimentando la misma sensación que hace años con Ruth Rendell, quien me obligó, tras el tardío descubrimiento, a hacerme con todo lo que encontraba de ella. Afortunadamente, Rendell estaba bien representada en las librerías y, en cosa de una semana, me hice casi con veinte libros suyos traducidos al español. Con Lisa no ha sido tan fácil, pero entre Come In y Amazon he conseguido reunir una media docena de novelas, cada una más adictiva que la anterior.

De hecho, el principal objetivo de esta columna es conseguir que los editores españoles le den una segunda oportunidad a la señora Jewell, cuya evolución, me temo, les ha pasado desapercibida. Le hablé de ella a mi amiga Anik Lapointe, directora de la estupenda colección de novela negra de la editorial Salamandra, y me dijo que ya estaba traducida y que no tenía el menor interés: supongo que se refería a la fase romántica de la autora. Realmente, empezar facturando cursilerías no es la mejor manera de que te tomen en serio, pues cuando te conviertes en un escritor interesante, todo el mundo te considera un merluzo. Pero si en Gran Bretaña la señora Jewell ha superado su estigma, no sé por qué no podría pasar lo mismo en España.