07 abr 2020

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análisis

Javier Tebas, presidente de LaLiga.

RODRIGO JIMÉNEZ/ EFE

Tebas, el antisistema

Albert Guasch

Con Javier Tebas siempre resulta inevitable sospechar. Y uno tiene la sospecha de que si las escenas de pandemonio nocturno que se proyectan por las televisiones tuvieran una inspiración laboral (unos mineros asturianos, por ejemplo) o social (otro 15-M) el presidente de la patronal de los clubs no habría corrido a hacerse el héroe y sacrificar el Barça-Madrid. Tebas, desacomplejado votante de Vox, apeló a la seguridad, un argumento comodín contra el que cuesta mucho oponerse con firmeza. ¿Y si realmente ocurre algo? Eso pesa y el Barça, de hecho, pareció oponerse poco. Un mal menor, para qué discutir, patadón adelante y que pase el tiempo que todo lo mitiga y, de paso, que queden atrás esas elecciones generales que lo contaminan todo.

Tebas, desacomplejado como se decía en su fe ultrapatriótica, no tardó en confesar que no quería bajo ningún concepto que el Camp Nou se convirtiera, dicho en lenguaje Jiménez Losantos, en un akelarre independentista. Que los aficionados de China, para quienes el partido se programó a las 13.00 horas, no intuyeran semejanzas en Catalunya con lo que ocurre en Hong Kong. A ver si a LaLiga le iba a pasar como a la NBA, en derrame económico desde hace bastantes días por un mero tuit.

Así que Tebas se puso la máscara de antisistema y se cargó el clásico en nombre de la seguridad. Y lo hizo a 10 días vista, sin consultar con Barça y Madrid, ni esperar, como dijo con sentido común Ernesto Valverde, a ver cómo evolucionan los acontecimientos.

Una frivolidad

Como los partidos de alto riesgo han abundado en el pasado (sin ir más lejos, la final de Libertadores que tan ufanamente Madrid decidió acoger el año pasado), el ‘conseller' de Interior declaró verse capacitado para garantizar el desarrollo normal del partido. Lo mismo que el ministro del Interior. ¿Entonces?

Parece acreditarse que a Tebas, en realidad, la seguridad le preocupa de una forma relativa, menos en cualquier caso que aquellas consignas políticas que no son de su agrado, las cuales no desaparecerán sea el partido el 4 o el 18 de diciembre, ni tampoco los riesgos que se le adivinan al 26 de octubre.

Mañana lunes se sabrá la nueva fecha. Pero entretanto se puede afirmar que nadie difícilmente habrá mezclado tan groseramente política y fútbol como el presidente de LaLiga. Y sí, es solo un partido, una frivolidad respecto a lo que nos rodea, quizá por eso más necesario que nunca en tiempos tan revueltos.