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TV

Ben Platt, en un fotograma de ’The politician’

Tonterías inteligentes

Mikel Lejarza

Pese al triunfo de 'Fleabag' en los Emmys, el mayor déficit de lo que llevamos de temporada estriba en la falta de buenas 'sitcoms'. La tradición que inagurara 'I love Lucy' y que continuaron series memorables como 'La chica de la tele', 'Mash',  'Cheers', 'Frazier', 'Seinfeld', 'Friends' o ' The Big Bang Theory ' parece haber entrado en crisis,  esperemos temporal. Aquellas series pequeñas, de risas enlatadas, ingenuas y ajenas a los grandes temas, que tenían el cometido de servir de escapatoria a los momentos grises de la vida, han cedido su protagonismo a los dramas cada vez más enrevesados e intensos en busca de algo que les diferencie. En los tiempos que corren, el cinismo, lo amargo, se ha introducido como vía esencial del humor con aspiraciones y todo lo que simplemente quiera hacer pasar un buen rato parece poco trascendental, leve y antiguo. Compáresen los guiones de Phoebe Waller Bridge para su genial ' Fleabag' , con los de John Cleese para 'Fawlty Towers' o los 'sketches' de Monty Python, y reconociendo el talento de todos ellos es evidente que hemos pasado de las bebidas naturales a los zumos con antioxidantes y espirulina. Más sano, si, pero menos sabrosos.

El fenómeno no nos es ajeno. Desde 'Aida' (2005); 'Camera Café' (2005)  y 'Aquí no hay quien viva' ('La que se avecina' es clara continuadora de esta) (2003), no ha habido ninguna nueva comedia que haya alcanzado sus registros salvo la excepción que confirma la regla de 'Allí abajo'. Nos hemos vuelto trascendentes, cuando pocas cosas hay más serias que la risa. El humor, sin embargo, no solo es más difícil que cualquier otro género, sino que tambien es más rentable para quien invierte en él.  Porque los chistes se pueden repetir. De ahí que el público continúe viendo una y otra vez las repeticiones de episodios de 'Friends'; 'Los Simpsom' o 'Big Bang Theory', algo que no harán con sus dramas preferidos.

Las generaciones jóvenes ven a las comedias como algo del pasado. Como productos que su progenitores veían. Pero en el consumo televisivo si hay algo cierto,  es el hecho constatable por la historia de que las modas y los gustos del público son pendulares. Asi que las comedias volverán cuando nos cansemos, sino lo estamos ya, de tanto drama fabuloso  que pretende explicarnos el mundo y volvamos a sentarnos ante el televisor a pasar un buen rato en compañía de unos conocidos que nos hagan sonreír.

Mientras ese momento llega, podemos disfrutar de la última temporada de 'Peaky Blinders', quizá la mejor serie de mafiosos tras 'Los Soprano', que continúa con su excelente nivel y un agobiado Cillian Murphy ahora enfrentado al fascismo. O con la última genialidad de Ryan Murphy 'The politician', cuyo primer episodio es una obra maestra de tal nivel que todo lo que viene a continuación sabe a poco. Con unos personajes que mienten y falsean todo lo que dicen y hacen, la serie trasmite tanta verdad sobre la sociedad en la que vivimos, que tras verla dan ganas de volver corriendo al Central Park a charlar de cualquier tontería con Phoebe y Joey, de 'Friends'.