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El análisis

El primer ministro británico, Boris Johnson, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el negociador para el ’brexit’ de la UE, Michel Barnier.

REUTERS / FRANÇOIS LENOIR

Hora de pasar esta triste página

Carlos Carnicero Urabayen

Muchos detestan este 'brexit' maldito. Indisimulado fracaso. Un divorcio dentro de la UE, nacida para crecer, borrar fronteras en lugar de recrearlas. Nadie quiso marcharse hasta ahora. Era impensable hasta el 2016, año del referéndum. Ha habido dos tipos de resistencia para llegar a un acuerdo de divorcio: unos pedían cosas imposibles. Otros no querían, sencillamente, aceptar este revés de la historia.

Entiendo al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, cuando dijo a los británicos: “Nuestro corazón todavía está abierto para vosotros”. También a Jean-Claude Juncker, junto a Boris Johnson, este jueves: "Estoy contento con el acuerdo, pero triste por el 'brexit'". Pero el sueño del regreso británico se ha ido oxidando con el tiempo.

Tantos británicos quieren también que esto no suceda. Quizás sean incluso mayoría (me gusta recordar que el 52% que votó a favor de la salida representa el 37% del total de la población británica). Quienes quieren seguir siendo europeos se han manifestado masivamente estos años y han tenido que soportar los ataques de los desbocados separatistas. Ya sabemos que el nacionalismo no es precisamente amable con el discrepante. Pero el agotamiento vence a la tristeza. Vivir atrapado en este eterno día de la marmota en que se ha convertido el 'brexit' debe desgastar el alma.

Nuevo equipo

Hora de pasar página. La UE tiene a su nuevo equipo de gobierno, con la futura presidenta de la Comisión a la cabeza, Ursula Von der Leyen, en el banquillo a punto de saltar al campo. Nadie quiere oír hablar de un nuevo Ejecutivo que arranque con el shock de una salida salvaje sin acuerdo; tampoco hay ganas de más prórrogas que sigan quitando un precioso tiempo para abordar los retos de un futuro que ya pasa por delante.

Johnson lleva grabado en el pecho que logrará el 'brexit' "a vida o muerte" el 31 de este mes. Una ley le obligará a pedir una prórroga si no logra que Westminster apruebe su recién alcanzado acuerdo. Como no parece que Johnson quiera emular el camino de Carles Puigdemont, hará todo lo posible por lograr este acuerdo y así evitar enfrentarse a los jueces o comerse sus machaconamente repetidas palabras de salida.

La gran incógnita es el papel del laborismo, huérfano durante estos tres años de una política consistente sobre el mayor asunto que ha vivido el país en generaciones. En parte, es culpa de su líder, Jeremy Corbyn, un antieuropeo izquierdista chapado a la antigua, camuflado en vaguedades que han terminado por negar el sueño de la permanencia a tantos británicos. También se lo han buscado los laboristas al ponerle allí y no apartarlo.

La votación para que este acuerdo sea aprobado será ajustadísima. Los norirlandeses de la DUP dicen oponerse. La llave la tendrán los laboristas que son partidarios de la salida (unos 20 parlamentarios). Corbyn tratará de evitar fugas en su grupo porque no quiere brindarle a Johnson la victoria del 'brexit'. Pura y dura lógica de poder, sin ofrecer nada a cambio.