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Análisis

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en el palacio de la Moncloa. 

DAVID CASTRO

Sánchez y el vértigo de apretar el 'botón rojo'

Gemma Robles

El presidente aguanta la presión, avisa a Torra y diseña escenarios ante un problema de Estado

Rivera y Casado quieren desenfundar el 155 e Iglesias mantiene la fe en que se recurra al diálogo

Ronda de reuniones políticas en La Moncloa, donde sigue habitando un señor que está en funciones y que  aspira a quedarse como inquilino tras las elecciones del 10-N. El socialista Pedro Sánchez hizo de anfitrión de los líderes de los tres principales partidos y, ojo aquí, sus tres adversarios clave en los comicios que ya se intuyen en el horizonte. Café, refrescos, agua, pocas sonrisas y mucha cara larga. Ambiente de problema de Estado o, si se traduce al naranja del que gusta Albert Rivera, «emergencia nacional».

El tema a tratar: Catalunya. O más concretamente, la duda de si la violencia que se vive en las últimas horas en sus rincones y la respuesta dada por las autoridades catalanas merece, o no, la adopción de medidas de enjundia. La aplicación de la Ley de Seguridad; un 155 o alguna otra posibilidad, a debate.  A debate y sobre la mesa de Sánchez. Sobre la misma mesa que guarda en uno de sus cajones el botón rojo que, de ser apretado, activará otra vez una intervención administrativa, pero también apuntalará una crisis que dura ya años. Que unos provocaron y otros no supieron ni parecen saber atajar  y que amenaza con ser, ojo aquí de nuevo, una insoportable y nefasta hipoteca de y para varias generaciones. ¡Qué gran legado!.

En todo caso el botón rojo continúa precintado. Por el momento. El jefe del Ejecutivo avisa a Quim Torra y a los suyos de que sabe dónde está y cómo apretarlo. Y que exige una condena de la violencia cruda, sin condimentos. «Todos los escenarios preparados», reiteró en comparecencia pública Sánchez, que se decía sereno, mientras coches y contenedores comenzaban a arder en las calles barcelonesas.  Sus interlocutores confirmaban la impresión. Que estaba tranquilo. A Pablo Iglesias, de Unidas Podemos, esa sensación le apaciguó. Mientras no hay respuestas drásticas, hay esperanzas para el diálogo y la negociación, relató. «Tengo la impresión de que no tiene previsto tomar ninguna medida excepcional», llegó a decir tras su tú a tú con el jefe de los socialistas. Iglesias respiró aliviado. 

Con la misma tesis salieron de su cita (el presidente fue viendo uno a uno a sus invitados) Rivera y Pablo Casado. Con la foto fija de que Sánchez no quiere subir más escalones, especialmente si la colaboración entre Mossos y Policía y Guardia Civil sigue funcionando. Pero a ellos ese panorama no les sosegó. Al contrario. Ambos, Casado y Rivera, Rivera y Casado, coincidieron en sugerir a los periodistas que Sánchez está preso del vértigo y no se atreve a apretar el botón rojo. El botón que ellos ansían pulsar, de entrada, para forzar el principio del fin de Torra.

Casado y Rivera se pronunciaron con distintos tonos. Semejantes intenciones. Creen que ha llegado el momento de tomar las riendas. El jefe de los populares reclama al menos que se envíe al president un requerimiento formal. El líder de Cs exige un 155 «sin complejos». El socialista aguanta la presión. Por ahora y quién sabe si por un vértigo prudente o una estrategia en varios actos. Ojalá no se despreciente el botón. Ojalá la violencia calle.