10 jul 2020

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Nobel de Literatura polémico

Peter Handke.

EL PERIÓDICO

¿Qué premia un premio?

Núria Iceta

Si no preservamos la literatura como obra de creación y no nos centramos en ella a la hora de juzgarla, ¿no estaremos también poniendo en cuestión la libertad de expresión de su autor?

Peter Handke (Griffen, Austria, 1942) acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2019 por, en palabras del jurado, "su obra influyente que, con ingenio lingüístico, ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana". Después de leer buena parte de lo que se ha publicado estos días en torno a la oportunidad de premiar a un autor que ha sido criticado por algunas de sus manifestaciones políticas, nos situamos de nuevo ante una polémica clásica: ¿podemos separar la apreciación de una obra de la personalidad de su autor o de sus manifestaciones extraliterarias? ¿Qué es, exactamente, lo que reconoce un premio, al autor o a su obra?

Recapitulemos. El escritor austriaco es autor de una vasta obra literaria que abarca la narrativa, el teatro, la poesía y el ensayo desde el año 1966, y ha recibido numerosos galardones desde entonces. ¿Qué le ha llevado a agradecer el premio diciendo que la Academia sueca "ha sido muy valiente"? Más allá de gustos personales y de los criterios literarios que hayan tenido en cuenta los 18 miembros del jurado es evidente que sin las polémicas públicas sobre sus manifestaciones en torno a la guerra en la antigua Yugoslavia no estaríamos aquí. De hecho, ya pasó algo parecido en el 2006, cuando terminó renunciando al premio Heinrich Heine de la ciudad alemana de Düsseldorf para evitar la polémica, y en el 2014, al recibir el premio Ibsen de teatro en Noruega.

En el lado equivocado

En esta ocasión, y por tratarse quizá del premio internacional de más notoriedad y mejor dotado del mundo, con 830.000 euros, el eco de las críticas se ha amplificado en igual proporción. El primer ministro de Albania y el presidente de Kosovo, los escritores Joyce Carol Oates y Salman Rushdie y el filósofo esloveno Slavoj Zizek han criticado la concesión del premio. Me interpela especialmente la voz del PEN International al afirmar que "el premio Nobel de literatura no solo reconoce las obras literarias y la destreza de un escritor, sino que también legitima todo el trabajo del escritor, incluidas las obras que comentan temas de actualidad."

Handke criticó los bombardeos civiles en Serbia durante la guerra de Yugoslavia y asistió (incluso dirigió unas palabras) en el funeral del líder serbio Slobodan Milosevic en 2006. Estas intervenciones constituyen, para sus detractores, una falta de respeto a sus conciudadanos y un situarse claramente en el lado equivocado de la historia, mientras que también encontramos interpretaciones que las contextualizan (como él mismo ha dicho) en su ascendencia eslovena por parte de madre y su amor por Yugoslavia, y en una voluntad expresa de huir de la demonización serbia frente a los bosnios, y de los planteamientos maniqueos inherentes a las guerras y a las simplificaciones de los medios de comunicación.

Averiguar la verdad

Tampoco estamos ante un caso aislado: Günter Grass o Jorge Luis Borges fueron fuertemente cuestionados por sus vinculaciones políticas, pero siempre se ha impuesto la valía de la obra por encima de la opinión sobre el autor. ¿Qué dicen sus editores en catalán (de la obra actualmente disponible), que comparten, además, el hecho de ser grandes editores y personas de un compromiso político reconocido? De hecho, en ninguno de estos libros hay referencias a los temas de la polémica, claro, y sí encajan bien con este situarse en los márgenes a los que se refiere el Nobel. Dice Laura Huerga: "'La gran caiguda' (Raig Verd, 2014) es una reflexión sobre la soledad y sobre la distancia entre realidad y ficción. Esto es lo que me interesa de Handke, el riesgo que acepta a la hora de escribir, la provocación de hacer una literatura diferente". Del mismo modo, el 'Poema a la durada' (Cafè Central, 2015) es para Antoni Clapés "una forma de narrar que es una especie de vagabundeo -por el mundo, por el sentido de la vida, por la escritura. ¿Handke es abominable porque asistió al funeral de Milosevic donde pronunció unas palabras en las que, creo recordar, afirmó que estaba allí porque se lo cuestionaba siempre todo, y buscaba la verdad?"

Es evidente que una opinión política que no compartes puede incomodar la lectura de una obra, pero ¿si no preservamos la literatura como obra de creación y no nos centramos en ella a la hora de juzgarla, no estaremos también poniendo en cuestión la libertad de expresión de su autor? Sé que en esta pieza hay muchas más preguntas que respuestas. Quizá volviendo a la "periferia y la especificidad de la experiencia humana" de Handke, podemos recordar estos versos de Heinrich Heine "Para averiguar la verdad, hay que contradecir a los hombres".