La sentencia del juicio al 'procés'

La desafección (de Montilla) elevada al cubo

¿Saben lo que duele más y más ensancha la raya del Ebro más allá de la sentencia? La falta de empatía el mismo día de su publicación hacia unos presos condenados a un centenar de años y una sociedad entera en 'shock'

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Concentración de entidades sociales y sindicatos en la plaza de Sant Jaume. / EUROPA PRESS

Concentración de entidades sociales y sindicatos en la plaza de Sant Jaume.
Los manifestantes se concentran en la plaza Sant Jaume tras conocer el fallo del Supremo.

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Grande-Marlaska afirmaba que los servicios de inteligencia del Estado estaban investigando quién está detrás del Tsunami Democràtic y que lo descubrirían. Quizá, una vez abierta la veda por parte del Tribunal Supremo, quiere ensayar una nueva imputación por sedición (de hecho, de derecho penal del enemigo el juez sabe un montón). Él y el ministro de Fomento han criticado duramente la acción en el aeropuertoÁbalos dice que no se trata de una acción de protesta sino que lo que se buscaba era bloquear el aeropuerto, que tenían muchas carreteras a su alcance antes de llegar a la "infraestructura aeroportuaria" (sic). En las mismas declaraciones también ha aprovechado para descartar que el Gobierno español en funciones tenga la 'opción indulto' sobre la mesa, ya que considera que la sentencia es equilibrada y ponderada.

Estas declaraciones no hacen más que profundizar en la postura ayer escenificada por Pedro Sánchez en la que desarrollóPedro Sánchez cuatro ideas fuerza: España es una de las mejores democracias del mundo; habrá un cumplimiento íntegro de las penas; la crisis catalana es básicamente un conflicto de convivencia entre catalanes; y con la sentencia acaba con el independentismo.

La aplicación expansiva de la sedición

Por otra parte, sin embargo, veo a gran parte de la ciudadanía catalana triste y decepcionada tras la publicación de la sentencia. Les indigna la deriva iliberal que supone la aplicación expansiva de un tipo penal tan grave como la sedición. Personas de muchos colores políticos, más allá del independentismo e incluso del soberanismo, que ayer se manifestaban, se concentraban, participaban de la acción propuesta por el Tsunami Democràtic o repicaban cazuelas. Unas amplias mayorías sociales y políticas que también se visualizaron en la esfera pública mediante comunicados y declaraciones. Y con una concentración en la plaza de Sant Jaume 'Por los derechos y las libertades' donde sindicatos, patronales, universidades, organizaciones sociales y del mundo de la cultura mostraron el "desacuerdo con la sentencia que no resuelve el conflicto político" y denunciaron "las consecuencias graves que esta sentencia tiene sobre los derechos políticos de la ciudadanía y los derechos de manifestación, de expresión, de libre asociación y de disidencia política, suponiendo un retroceso para la calidad democrática de nuestra sociedad".

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Seguramente Catalunya y España nunca han estado tan lejos como hoy. La desafección de la que hablaba Montilla en el 2009desafección Montilla ahora se encuentra elevada al cubo. Y no por una cuestión identitaria o nacional. De hecho, ayer se vieron muy pocas 'estelades' y no demasiadas apelaciones al objetivo independentista. La respuesta a la sentencia se articulaba principalmente desde un sentido común garantista, desde una defensa de derechos y libertades. Pero ¿saben lo que duele más y más ensancha la raya del Ebro más allá de la sentencia? La falta de empatía el mismo día de su publicación hacia unos presos condenados a un centenar de años y una sociedad entera en 'shock'; y la negativa de muchos dirigentes políticos y la intelectualidad española (con algunas excepciones que haríamos bien en poner en valor) a intentar comprender al otro y actuar en la complejidad. 'On ets, Espanya? / No et veig enlloc. No sents la meva veu atronadora? No entens aquesta llengua / que et parla entre perills? Has desaprès d’entendre an els teus fills? Adéu, Espanya!' (Joan Maragall).