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Análisis

La rebeldía del flic flac

AFP / THOMAS KIENZLE

La rebeldía del flic flac

Rafael Tapounet

Los logros deportivos de Simone Biles no nos parecen, como los de Nadia Comaneci, producto de un miedo deshumanizador

Uno de los momentos más reveladores del sobrecogedor documental 'Over the limit', en el que la cineasta polaca Marta Prus retrata el tormentoso proceso de preparación que llevó a la rusa Rita Mamún a convertirse en campeona olímpica en el concurso general de gimnasia rítmica en los Juegos de Río 2016, se produce cuando, frustrada por el dolor que le provoca una antigua lesión, Mamún se muestra algo irritada con la entrenadora Amina Zaripova y esta le pregunta si está enfadada. "Sí, lo estoy, porque soy un ser humano", dice la gimnasta. Y la entrenadora le responde: "No eres un ser humano. Eres una atleta".

Pienso en la frase de Zaripova al contemplar la última gesta de Simone Biles, cuya historia reunía todos los elementos para haber convertido a la menuda deportista de Columbus en un caso más de excelencia deportiva alcanzada por la vía del dolor y la deshumanización: padre ausente, madre drogadicta, estancia en un centro de acogida, ingreso en un complejo de alto rendimiento dirigido por dos entrenadores de métodos despóticos y frecuentado por un depredador sexual… Y, sin embargo, hay algo en ese relato que no encaja. Biles no es, para entendernos, una Nadia Comaneci (pese a haber pasado ambas por las manos de los siniestros Béla y Marta Károlyi) y sus éxitos no nos parecen hoy tanto el producto del miedo y la presión como una triunfal expresión de rebeldía.

Así lo corroboran episodios de su carrera deportiva como el abandono del Rancho Károlyi, la decisión de tomarse un año sabático o la denuncia pública de los abusos continuados del doctor Larry Nassar. Ella misma fue víctima del monstruo, según relató en una carta conmovedora en la que manifestaba su voluntad de no dejar que la pesadilla condicionara su vida. "Sé que esa terrible experiencia no me define –escribió-. Soy mucho más que eso. Soy única, inteligente, talentosa y apasionada". Biles también es una atleta prodigiosa. Y es, sobre todo, un ser humano, aunque a veces, con sus rutinas en el tapiz y sus sobrecogedoras salidas de la barra de equilibrio, no nos lo parezca.

Temas: Simone Biles