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IDEAS

La característica risa histriónica e incontrolada del Joker corresponde con los síntomas de una patología mental.

La importancia de ser hombre

Lucía Lijtmaer

Vivimos en un tiempo en el que capturar la esencia de este tiempo parece pasar, ya no por contextualizar, sino por encontrarle el significado político real -sea lo que sea eso- a toda manifestación cultural que se convierte en un éxito de masas.

Esto es especialmente notable con respecto a la ficción cinematográfica y televisiva, y ha vuelto a pasar en estos días con la película más taquillera de todos los octubres que se recuerdan, 'Joker'. Hay interpretaciones y lecturas para todos los gustos, quizás la más repetida sea la que define la película como el discurso de una era incel, en la que el protagonista puede ser, alternativamente, una respuesta a Trump, o su más desesperado producto.

¿Por qué 'Joker' y 'Ad Astra' son dos superproducciones basadas en dos enormes lamentos masculinos?

Quizás lo que menos he encontrado en mis dos últimas experiencias cinematográficas con las dos películas más mediatizadas de la temporada -'Joker' y 'Ad Astra'- es un comentario sobre por qué estamos ante dos grandes superproducciones basadas en dos enormes lamentos masculinos, dos hombres de edades no muy dispares, dos seres construidos a partir de dos grandes arquetipos infantiles -el payaso y el astronauta-, cuya salud mental se pone en juego precisamente cuando van en busca de una figura paterna, un patriarca, que es primordial para entender su historia. Tan primordial que a uno de ellos le lleva a Neptuno, ni más ni menos.

Una película me pareció muy buena, la otra no. En una hay una madre, en la otra no. La que me gustó no tiene a Liv Tyler en un papel tan demencialmente tópico que es una fotocopia de un papel anterior. Tyler debe haber sentido algún 'déjà vu' de 'Armageddon' haciendo de novia que sufre viendo a su pareja irse en un cohete. ¡Otra vez!

Pero es la figura del padre la que me llamó la atención en las dos, y cómo orbita constantemente alrededor de los dos protagonistas. Y cómo la angustia de ambos hombres pasa por que ellos, sus cuerpos, sus rostros, construyan una respuesta.  Mientras tanto, sus cuerpos, sus rostros, ocupan el cien por cien de la pantalla durante ambas películas. Hay algo en esa construcción masculina, desviada de la norma ('Joker') o no ('Ad Astra') en la que el cine o su industria nos quiere mostrar algo. Probablemente su soberana y definitiva importancia.