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El fin de un modelo político

Un fantasma antidemocrático recorre Europa

MONRA

Un fantasma antidemocrático recorre Europa

Eugenio García Gascón

Cuando hay interferencias del nacionalismo o de la religión, la democracia sufre y tiende a desaparecer

En mayo de 2019 Facebook anuló cientos de cuentas abiertas por el Archimedes Group, una empresa de Tel Aviv de la que apenas se tienen noticias fuera de que mantenía vínculos directos con el Ejército y los servicios de inteligencia israelíes y de que se dedicaba a manipular la opinión pública y los procesos electorales en Latinoamérica, África y Asia.

Sus empleados se presentaban como trabajadores de medios de comunicación locales en países como Túnez, donde Archimedes Group creaba a través de Facebook e Instagram estados de opinión señalando a la población los temas que debían entrar en el debate público y en las contiendas electorales. Cuando informó del cierre de sus cuentas, el responsable de Facebook Nathaniel Gleicher explicó que no podía decir si la opaca compañía israelí se movía impulsada por intereses comerciales o políticos. Sin embargo, sus vínculos con los servicios de inteligencia y el Ejército son elocuentes.

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La democracia liberal está desapareciendo de Occidente a buen ritmo. Al fin y al cabo, ya ha durado demasiado tiempo. Las experiencias democráticas en Grecia y Roma fueron breves y existen indicios de que la experiencia contemporánea está en crisis a pesar de que acudimos a las urnas con más frecuencia que nunca.

La vida es mucho más ancha y diversa que la democracia. Los ideales liberales funcionan cuando los partidos que ganan las elecciones se sitúan cerca del centro. Ahora las formaciones se radicalizan, incluso las de centro, quizá porque la gente corriente se radicaliza. El resultado es que el sistema democrático está sufriendo una fuerte erosión.

El caso de Catalunya

En el caso de Catalunya, donde hay una considerable interferencia del nacionalismo, la democracia hace tiempo que expiró. Desde las elecciones de 1980, el nacionalismo ha ido ganando terreno y excluyendo a quien no pensaba igual, primero de una manera subrepticia y luego de una forma clara y ostentosa. Quienes no son nacionalistas se ven relegados de los puestos oficiales y de los medios de comunicación que se fomentan desde el poder.

Cuando hay interferencias del nacionalismo o de la religión, la democracia sufre y tiende a desaparecer, aunque debe decirse que esta situación refleja una tendencia global hacia la supresión de la democracia liberal. Cuando Francis Fukuyama aventuró en 1992 que todos los países tendían hacia la democracia liberal metió la pata hasta el fondo, como apreciamos en nuestros días, no solo en Catalunya sino en el conjunto del mundo occidental.

El uso generalizado de la cibernética no contribuye a mejorar las cosas, más bien al contrario, como se observa con el ejemplo del Archimedes Group. Además, las redes sociales provocan la radicalización de muchas personas puesto que los escuetos mensajes que transmiten los usuarios suelen ser alarmantemente primordiales y primitivos. Mientras que la vida y la sociedad se han ensanchado más que nunca, la estrechez de la democracia y de las redes sociales está menguando y poniendo en peligro su continuidad.

Los valores de la Ilustración

A un mundo que aumenta a diario su complejidad, los usuarios de las redes le contestan con respuestas simples. Otro elemento a tener en cuenta es que los líderes políticos también presentan a los ciudadanos opciones simples y ajenas a la complejidad de un mundo con mayor descontrol conforme crece su complejidad. Ante esta confusa situación, los votantes son receptivos a los mensajes desnudos y en carne viva. Lo estamos viendo en Catalunya, pero también en gran parte de Europa e incluso más allá.

Una consecuencia es que los valores de la Ilustración son ajenos a un número cada vez mayor de ciudadanos. Los nacionalismos y las religiones empiezan a campar a sus anchas por Occidente, portando valores distantes de la Ilustración. Es una tendencia que se observa por todas partes y que augura un futuro incierto.

Una vez que los valores de la Ilustración son triturados sin piedad por los populismos, las expectativas tradicionales de la sociedad se diluyen. El fantasma de un detritus maloliente recorre Europa. En esta coyuntura, al ciudadano se le presentan dos opciones: subirse al carro prerrevolucionario en marcha, o apartarse de la sociedad mediante un exilio interior: ninguna de las dos garantiza un futuro mejor y una convivencia razonable en una sociedad polarizada que retrocede en lugar de avanzar. Cuando impulsos y sentimientos primitivos y atávicos triunfan sobre la razón, o la relegan a un segundo plano, hay motivos para estar preocupados, especialmente si los líderes políticos arrojan más confusión a la arena pública.

*Periodista